xLas voces enmarcadas del patriacado en las Heroínas del cristianismo

santos

Por: Melissa Sandí Navarro

 

Introducción

A través de los siglos, la humanidad ha discrepado con respecto a la existencia de un ser superior por cuya voluntad se materializó la creación del Universo y todo lo que él contiene; por el contrario, los seres humanos –al menos superficialmente– han reconocido en algunas personas la confluencia de virtudes ordinarias, llevadas a la práctica de manera extraordinaria en favor de otros, sin el deseo de encontrar una retribución material por ellas.

Las diversas confesiones cristianas reconocen la existencia de estas personas bajo la denominación de “santos”, aunque no es exclusiva del cristianismo, puesto que esta figura posee semejanzas o equivalencias en las principales religiones del mundo, a propósito del mérito de las personas que llevan una vida congruente con las exigencias de su respectiva religión. Así pues, su ejemplo de vida representa para el cristianismo un modelo a seguir que les otorga la admiración como héroes o heroínas, pese al sacrificio y a los roles que le corresponde a cada género.

En este sentido, las premisas fundamentales de este análisis se enfocan en que las mujeres santas presentes en el santoral transgreden los roles de feminidad que se construyen en el discurso patriarcal. Además, la sociedad patriarcal probablemente motivó a las santas a recurrir a la violencia, y gracias a la teoría de la polifonía de los textos de Mijail Bajtín, es posible determinar el diálogo entre los roles de feminidad y la violencia que en muchos de los casos forma parte de la vida de las santas.

Así las cosas, este trabajo tiene como finalidad estudiar  la imágen de roles de feminidad heroica de las mujeres santas, reconocidas así en el Santoral de la Iglesia Católica, a partir de la polifonía que se genera entre el discurso social y el discurso religioso, con el propósito de analizar la reelaboración que sufren los roles tradicionales de feminidad –congruentes con la visión histórica patriarcal– en la figura de las santas. Con este propósito se realiza un acercamiento general sobre la figura de las santas, los roles de feminidad que ellas transgreden y la polifonía entre el discurso patriarcal y religioso que las envuelve en situaciones de violencia.

Por ello, resulta interesante cómo muchas de estas figuras femeninas trascienden lo que realmente les corresponde como mujeres de su época, pues las mujeres podrían recibir mayor sanción social por descuidar sus roles, la sociedad le exige a la mujer que sea símbolo de belleza, que cuide su feminidad, madre, obediente, dedicada al hogar y sumisa al poder, pero en muchos casos las santas no se ajustan a esos roles y por el contrario, se comportan como si fueran varones por la valentía y la proactividad de sus acciones, aún en contra del discurso patriarcal.

Polifonía y dialogismo

Así las cosas, el marco teórico en el que se apoya el presente estudio es la propuesta de Mijail Bajtín sobre la noción de texto y dialogismo presentes en Estética de la creación verbal (1999). Según Bajtín, el texto es por excelencia el objeto de estudio, puede concebirse como la única realidad inmediata de la que se desprende toda disciplina y contribución teórica. Asimismo, según Rojas, Bajtín posee una noción bastante profunda del texto que parte desde «…cualquier conjunto de signos coherente, hasta “el texto como una mánoda que refleja en sí todos los textos posibles de una esfera determinada de la comunicación de sentido.” De modo que entre un texto y otro se eslabonan relaciones dialógicas, el texto es dialógico y dialéctico. » (Rojas Osorio, 2006: 157). En este sentido Bajtín propone lo siguiente:

“Un acto humano es un texto en potencia y puede ser comprendido (como acto humano, no como acción física) tan sólo dentro del contexto dialógico de su tiempo (como réplica, como postura llena de sentido, como sistema de motivos)” (Bajtín, 1999:298).

Cada texto se encuentra determinado por un contexto específico, para Bajtín el texto es dialógico, sin embargo dice este autor que existen dos elementos importantes: la intención y la realización, de modo tal, que los enunciados o textos pueden ser repetidos en diferentes ocasiones, pero aún así pueden aportar elementos nuevos según el lugar de enunciación. En este sentido, para Bajtín el enunciado “….representa un estilo, una visión de mundo, un tipo humano, huele a contextos, en él se perciben dos voces, dos sujetos…” (Bajtín, 1999:299).

Así las cosas, otro de los aspectos trascendentes para esta propuesta es la noción anteriormente citada de dialogismo, que remite semánticamente a la palabra diálogo, el cual puede caracterizarse como representación directa del intercambio verbal entre dos o más personajes. En relación con lo anterior, uno de los elementos más destacados de la propuesta teórica de Bajtín es la polifonía, mediante la cual se da la interacción de múltiples voces, con conocimientos, opiniones y registros lingüísticos que interactúan en diferentes textos a través de las voces enmarcadas, dicho dialogismo implica la heterofonía o polifonía textual.

En este orden de ideas, esas voces forman parte de una ideología determinada y se manifiestan mediante los discursos, las cuales a su vez dialogan mediante la jerarquización de relaciones de poder, de manera que Bajtín se aproxima a los textos como resultados de un “sujeto discursivo”, en relación con los sistemas ideológicos y los sistemas lingüísticos de los individuos.

Roles de Género

Además, otro aspecto que vale la pena mencionar dentro de la propuesta teórica es la reflexión sobre el concepto de género. Guiddens (1993) aborda la noción de género como las diferencias psicológicas, sociales y culturales entre los hombres y las mujeres, de esta manera define al género como un conjunto cultural de pautas de comportamiento aprendidas socialmente. En palabras de Guiddens:

«Es evidente que la socialización en el género es muy profunda y que cuestionarla puede resultar perturbador. Una vez que “se asigna” un género, la sociedad espera que los individuos se comporten como “mujeres” o como “hombres”.» (1993:132).

Por ejemplo, género para Lerner (1986), Rubin (1997), West y Zimmerman (1999), entre otros, es resultado de la cultura que se convierte, en una identidad que los individuos adquieren a través de la socialización y que determina la manera en que se relacionan con la naturaleza y la sociedad en que se desenvuelven.


1.      ¿Qué sabemos sobre los santos?

La palabra “santo” tiene como primera definición en el diccionario de la Real Academia Española: Perfecto y libre de toda culpa”, para otros estudiosos puede ser un sinónimo de “sagrado”. Quienes por lo general son denominados como “santos”, son los cristianos que han entregado su vida a Cristo, y quienes adicionalmente han perdido la vida por defender su fe en Él son conocidos como mártires.

Vale la pena mencionar que durante la Edad Media, algunos obispos y caballeros fueron llamados santos por sus “méritos morales” o sus “méritos militares” en las cruzadas. La institucionalización de la santidad parece estar mucho más extendida en la doctrina cristiana, particularmente en la Religión Católica, en la cual gozan de un lugar privilegiado como intercesores del poder de Dios y sujetos dignos de admiración.

De modo que los Santos son nada más y nada menos que los héroes la religión católica, son aquellas personas que entregaron su vida por la defensa de su fe, en la mayoría de los casos fueron martirizados con muertes llenas de sufrimiento y crueldad; otros dedicaron su vida al servicio y la caridad con pobres y enfermos.

La figura del héroe ha sido trascendente en muchas culturas a lo largo de la historia de la humanidad, pero desde la antigüedad clásica hasta los inicios del siglo XXI, el héroe o la heroína poseen características excepcionales. Por lo tanto, es posible afirmar que los héroes son figuras modelo, ideológicamente hablando, se convierten en sujetos dignos de imitación por sus acciones, por  su  valentía, en esta misma línea se ubican los santos. Como se mencionó anteriormente, son figuras ejemplarizantes, son dignos de imitar por sus virtudes, pero también son el modelo a seguir en la adversidad como prototipo de valentía, fe y determinación.

Además, como es sabido el nuevo testamento promete una vida más allá de la terrenal, con la gran recompensa del paraíso y la vida eterna para todos aquellos que creyeron y siguieron las enseñanzas de Cristo, de tal manera que son llamados a gozar de la presencia de Dios, incluso tienen especial favor y pueden interceder por los pecadores en la tierra. Debido a lo anterior, en muchos países del mundo los santos son venerados como intercesores que pueden conceder beneficios espirituales o materiales.

Así las cosas, es gracias a los milagros o favores concedidos por los santos que muchos creyentes veneran las reliquias (objetos o restos) y a menudo sus sepulcros se convierten en sitios de peregrinación de estos seres excepcionales. Además es común que se les adjudique un patrocinio, es decir, cada santo se destaca por conceder un favor específico a partir de un rasgo característico de su vida que los convierte en receptores por excelencia de determinadas súplicas, advocaciones, causas y profesiones.

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Santa Mónica

En relación con lo anterior, algunos ejemplos son los siguientes: San Ramón no nato es el patrón de los recién nacidos, niños, mujeres embarazadas, personas acusadas con falsedad, comadronas, ginecólogos. Santa Mónica es conocida como la patrona de víctimas de abusos, los alcohólicos, matrimonios con problemas, hijos rebeldes, amas de casa, mujeres casadas, madres, víctimas de adulterio, víctimas de abusos verbales, viudas, esposas, entre otros. Por ello, por muchos años se ha llamado a los niños con el nombre del santo del día de su nacimiento, además los templos católicos se consagran comúnmente a un santo patrono particular.

¿Pero qué lugar ocupan los santos en el cielo? Según la parábola del administrador injusto, Cristo se refiere al Cielo como “las moradas eternas” mientras que alguna versión lo traduce como “las habitaciones eternas” (Lucas 16, 9). Esto indica que el Cielo es un lugar, no un sueño o una ilusión. Es un lugar en donde los santos glorificados y los seres angelicales viven junto a Dios.

“Los santos en el Cielo verán a Dios en toda Su majestad. Presenciarán la gloria infinita del Todopoderoso en tan gigantesca magnitud como ellos sean capaces de concebir. No Lo presenciarán solamente a distancia, sino “cara a cara”” (I Corintios 13, 12). Esta es la verdadera recompensa de los santos, poder contemplar toda la gloria de su Dios.

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El amor de Cristo así manifestado será una de las cosas más deleitantes para ellos; porque aunque los cuerpos de los santos brillarán con una extrema belleza y gloria, con todo, sin duda el cuerpo de Cristo los sobrepasará infinitamente, tanto como el brillo del sol en relación con el de las estrellas. No sólo verán a Cristo cara a cara, sino que pasearán y hablarán con Él. Cristo los tratará como hermanos y les hablará como a Sus amigos íntimos. Momentos antes de su crucifixión, Cristo dijo a sus discípulos: “No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Juan 15, 15).

Por lo tanto, los santos desempañan un papel activo dentro de la fe católica, su vida heroica motiva a los fieles, les da esperanzas en los momentos de adversidad y en palabras de Beinert:

“…les invita a seguir hasta el final un camino siempre difícil de las exigentes normas y mandatos de la religión. Los santos lo han conseguido: fueron humanos como tú y como yo; fueron casi siempre pecadores como todos nosotros. A pesar de ello, son ya signos radiantes de la misericordia divina.” (2003: 2).

2.      ¿Santas o brujas?

En muchos de los casos, la capacidad de realizar milagros probocó que muchos santos y santas fueran acusados de brujería o de utilizar magia negra, tal y como se iltustra a continucación:

“Los santos conversores (como san Martín, san Cuthbert o san Bonifacio) tuvieron que hacer milagros repetidamente para demostrar que sus poderes mágicos (que incluso después de sus muertes siguieron siendo efectivos a través de sus reliquias) eran superiores a los de los brujos paganos y a sus conjuras y amuletos…” (Gábor Klaniczay, 1994: 59).

Ahora bien, a lo largo de la historia de los santos, han sobresalido algunas mujeres que por su increíble valentía han sabido defender su fe de manera tan válida como los varones, estas mujeres lograron sobreponerse atrevidamente ante las disposiciones y recomendaciones en pro de la buena conducta femenina, es decir, la moderación. Sin embargo, estas santas se arrojaban con entusiasmo a enfrentar diferentes sacrificios impresionantes en la vivencia de su religión, algunos ejemplos son los ayunos que en muchos casos las llevaron hasta la muerte como Santa Catalina de Siena.

“Las santas femeninas de la baja Edad Media consiguieron realmente un prestigio impresionante por su poder carismático y místico. Su primera generación en Europa central, las princesas santas, necesitó todavía de la imagen «corte celestial» y el prestigio del linaje real. Con ello consiguieron poner un sillar para la emancipación religiosa de las mujeres en la baja Edad Media.” (Gábor Klaniczay, 1994: 56).

Así pues, gracias a la conmoción generada por los poderes sobrenaturales de las santas durante la Edad Media, en las hagiografías y las narraciones sobre milagros, se da una mezcla curiosa de santidad dinástica al viejo estilo y de santidad femenina con un estilo nuevo que reconstruye la imagen medieval sobre el acceso a los poderes sobrenaturales de las mujeres.

No obstante, esta condición de mujeres especiales capaces de comunicarse con Dios ya sea por medio de visiones o por místicas, les trajo serias consecuencias a muchas de ellas que fueron calificadas de brujas, la notable promoción de las santas femeninas en la baja Edad Media, la vida de mujeres que eran congruentes con el ideal religioso de su época, quienes servirían en muchos casos como instrumento de poderes divinos y sobrenaturales en la vida cotidiana e, incluso en algunos casos, les permitió alcanzar una autonomía femenina, pero al mismo tiempo provocó desconfianza y miedo. Las reacciones ante estas santas fueron ambivalentes, pues también favoreció a que la popularidad de las brujas existente durante la Edad Media se acrecentara.

En relación con lo anterior, dicha tesis se ve apoyada si se toma en cuenta la confusión acaecida desde el siglo xv sobre lo que respecta al enjuiciamiento de las místicas y santas femeninas, los límites entre las santas y las brujas causaron gran confusión y probablemente cobraron muchas vidas de mujeres condenadas y deshonradas injustamente. En el Santoral hay muchos de estos casos, sin embargo, para ilustrar lo anterior a continuación se expone el caso de Santa Juana de Arco:

Esta santa a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión. Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia (… ) A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían:

“Tú debes salvar a la nación y al rey”(…) En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terribles de las muertes de ese entonces: ser quemada viva. (Santoral de la iglesia Católica).

 3.      Roles de género

Ahora bien, según la teoría de Giddens (1993), gracias a las características biológicas es que a lo largo de la historia de la humanidad se ha diferenciado entre hombres y mujeres, sin embargo, culturalmente se ha generado una serie de normas de conducta correspondientes según el género biológico, lo que para este trabajo se llamará roles de género que engloban los derechos, obligaciones y normas de comportamiento aprendidos desde el nacimiento y reforzados por la sociedad.

Por otra parte, Scott (1997) sostiene que el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Por lo tanto, es comprensible que se señale al género como el campo primario mediante el cual se articula el poder, bajo la concepción de los sexos como entidades opuestas, que en muchas de las sociedades han dado un lugar de privilegio social a lo masculino (Ramírez, 2002). Entonces, la masculinidad y la feminidad se entienden como roles sexuales, productos del aprendizaje social (Guiddens, 1993).

Así pues, por mucho tiempo las relaciones de género han sido desiguales entre hombres y mujeres, pues muchos autores sostienen que las oportunidades, el control en la toma de decisiones y el poder ha favorecido a los hombres. Estos roles de masculinidad y feminidad, condicionan a sus miembros a llevar a cabo únicamente las actividades, deberes y responsabilidades que se consideran masculinas y femeninas respectivamente, dichos roles permiten la homogeneidad del grupo social al que pertenecen.

Desde la antigüedad lo masculino ha estado relacionado con el fundamento racional, fuerza, valentía, pro actividad, entre otras características. Además, parte de lo que implica cumplir con los roles de masculinidad es alejarse lo más posible de las actitudes o prácticas femeninas.

El concepto feminidad puede remitir a una concepción de la conducta que debe asumir la “mujer ideal”, lo femenino desde tiempos ancestrales se relaciona con lo débil y frágil, lo emotivo, la pasividad y la dependencia del hombre (en muchas sociedades a lo largo de la historia). La fertilidad ha sido el atributo fundamental de lo femenino, lo que más se relaciona con la madre naturaleza y rol característico a lo largo de la historia de la humanidad, las mujeres han asumido el cuidado de los niños y de las labores domésticas, es decir, el espacio interno, mientras que a los hombres les ha correspondido el externo, el social.

No obstante, otro de los ingredientes fundamentales para cumplir con el ideal de feminidad, es la belleza física de las mujeres, las cuales a través de sus atributos físicos son llamativas para los hombres y esto permite que las féminas sean objeto de deseo para los varones, tanto para el matrimonio como para la reproducción de la especie. ¿Pero qué sucede cuando algunos miembros transgreden sus roles de género?

En relación con lo anterior, son muchas mujeres las que se han rebelado contra los roles de feminidad, entre ellas las santas que eligen no dejarse llevar por la sociedad imperante y prefirieron recorrer un camino difícil, lleno de sacrificios y dolor, con tal de cumplir con su realización personal en la vivencia de su fe, pero con la plena certeza de la recompensa celestial.

Muchas de ellas fueron sujetas a matrimonios arreglados para obedecer la voluntad de sus padres, pero otras se revelaron a la autoridad de sus familiares y tomaron medidas de violencia en la defensa de su fe y sus ideales como cristianas. Otras se despojaron de los beneficios materiales y económicos que formaban parte de su cotidianidad; otras renunciaron a ser esposas y madres de familia, todo por entregarse completamente a la defensa de Cristo y por cumplir su voluntad y prácticamente todas entregaron sus mejores años, su belleza, su esencia al servicio de Dios.

Así las cosas, surge un conflicto en el modus operandi de las santas, pues por un lado, la voz de la sociedad espera que ellas asuman los roles que les corresponden como parte de ella, pero por otro lado, la voz del cristianismo las impulsa a tomar mediadas drásticas en pro de sus ideales religiosos, aunque en muchos casos les costó el rechazo o la reprobación social de su entorno.

El discurso social entra en diálogo con el religioso, las voces que constituyen una ideología determinada se ponen en conflicto a través de los discursos, se produce una polifonía mediante la jerarquización de relaciones de poder, de manera que estas mujeres quizá en algunas ocasiones se ven intimidadas por sus obligaciones como mujeres de su época; otras en cambio, prefieren las consecuencias extremas por defender lo que consideran como su “verdadero llamado”, la voz de la libertad.

4.      Santidad, violencia y feminidad

El cristianismo en sus inicios recurrió a la violencia como medio de conquista de fieles y territorios en nombre de Dios (las cruzadas) y posteriormente una de las principales formas de castigo fue el martirio. Son muchos los santos que se entregaron voluntariamente a la tortura y a la muerte por fe (practicadas desde el siglo I hasta el siglo IV). Igualmente, Michael Roberts (1993) menciona que, las narraciones sobre santos mártires “son en realidad historias de guerra porque la vida y la muerte de los mártires era un modelo del combate espiritual y del triunfo celestial contra las fuerzas demoníacas…”.

En este sentido, para el catolicismo los mártires son símbolos por antonomasia de la defensa de la libertad, de la presencia de una fe única, pues el mártir da testimonio de una creencia absoluta, por la que vale la pena entregar la vida, tal y como Jesucristo lo hizo. De tal modo que los mártires lograron generar compasión, y promover una vivencia real de la religión en el despojo del pecado y la práctica de la caridad.

Algunas santas se sometían a fuertes sacrificios físicos y ayunos para resistir la tentación y mantenerse alejadas del pecado, para mantenerse en oración y la contemplación. Esto a su vez, era una manera de seguir el ejemplo de Cristo, y se pretendía entrar en mayor cercanía con él. Vale la pena destacar que el autosacrificio era una manera de hacer penitencia por los pecados propios y los de los demás.

Así pues, en la mayoría de las ocasiones la santidad de las mujeres está teñida de muertes, sacrificios y torturas, que parecen insoportables, pero que dentro de la fe de estas figuras son símbolo de valentía y renuncia a todo lo que implica obedecer las disposiciones terrenales, pues ellas dan el lugar de privilegio a su Dios.

Ahora bien, algunos de los casos que permiten ilustrar la relación entre la santidad, violencia y renuncia a la feminidad es precisamente la historia de estos personajes que forman parte de las heroínas del cristianismo, las transgresoras de la sociedad patriarcal. Las que dentro de la multiplicidad de voces sobre normas de comportamiento social, familiar, eligen el camino del calvario con valentía y esperanza en la recompensa divina:

“…El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará.” (Mateo 17:24-26).

A continuación se presenta de manera ilustrativa, la vida de algunas de estas figuras femeninas transgresoras de los roles de feminidad impuestos por la sociedad de su época, tomadas del Santoral de la Iglesia Católica.

1.      Santa Catalina de Siena

Patrona: contra el fuego, prevención de incendios, bomberos, abortos, enfermeras, personas ridiculizadas por su fe, tentaciones sexuales, tentaciones, enfermedades, Europa, Italia, Siena

Patrona: contra el fuego, prevención de incendios, bomberos, abortos, enfermeras, personas ridiculizadas por su fe, tentaciones sexuales, tentaciones, enfermedades, Europa, Italia, Siena

Nace en 1347, era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Desde temprana edad cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida religiosa. En una oportunidad, cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, concediéndole la bendición.

Su padre, pensó casarla con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Sin embargo, para hacerla desistir de su propósito, fue sometida a los servicios más humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.

Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y fue admitida en la tercera orden de Santo Domingo. Desde sus dieciséis años se dedicó a curar y atender niños huérfanos, menesterosos y enfermos, a quienes cuidó en las epidemias de la peste negra, conocida en la historia con el nombre de “la gran mortandad.

2. Santa Eulalia

Santa simpática, original e intrépida

Santa Eulalia, simpática, original e intrépida.

Por su parte, Santa Eulalia es una de las santas más famosas de España. Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano que prohibía a los cristianos dar culto a Jesucristo, y les mandó que debían adorar a los ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes y se pensó protestar ante los delegados del gobierno.

Su madre pensó que por esta actitud su hija podía correr peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, por eso se la llevó a vivir al campo, pero aún así la niña logró llegar a la ciudad de Mérida. Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y discutió con gran valentía al argumentar que esas leyes que decretaban adorar ídolos y prohibían el culto a Cristo eran injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.

De modo que, Daciano intentó ofrecerle regalos y hacer promesas de ayuda a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador. Y le dijo:

De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”. La jovencita reaccionó con mucho carácter y le dijo: “Al sólo Dios del cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más”. (Tomado del santoral de la Iglesia Católica)
 

Entonces este juez mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas, su cabellera se incendió y la jovencita murió quemada y asfixiada por el humo.

Por tanto, es evidente la fortaleza y valentía de esta joven, quien prefirió soportar una muerte tan cruel con tal de no renunciar a su Dios, aunque eso le costara renunciar a su juventud, la posibilidad de una vida agradable y la integración de su propia familia. En su lugar, Santa Eulalia encuentra su realización en Dios, en su entrega total por la fe y el despojo de la vida terrenal.

3.    Santas Felicidad y Perpetua

Estas dos santas murieron martirizadas en Cartago (África) el 7 de marzo del año 203. Perpetua era una joven madre, de 22 años, que tenía un niño de pocos meses. Formaba parte de una familia rica y muy estimada por toda la población. Mientras estaba en prisión, escribió un diario sobre todo lo que le sucedía. Por su parte, Felicidad era una criada de Perpetua. Era también muy joven y en la prisión dio a luz una niña (que después los cristianos se encargaron de criar).

Dice Perpetua en su diario:

“Nos echaron a la cárcel y yo quedé consternada porque nunca había estado en un sitio tan oscuro. El calor era insoportable y estábamos demasiadas personas en un subterráneo muy estrecho. Me parecía morir de calor y de asfixia y sufría por no poder tener junto a mí al niño que era tan de pocos meses y que me necesitaba mucho. Yo lo que más le pedía a Dios era que nos concediera un gran valor para ser capaces de sufrir y luchar por nuestra santa religión”. (Tomado del santoral de la Iglesia Católica)

Luego de unos días, el juez llamó a Perpetua y le rogaba que dejara la religión de Cristo, que se pasara a la religión pagana y que así salvaría su vida. Le recordaba que ella era una mujer muy joven y de familia rica, pero Perpetua declaró que estaba resuelta a ser fiel hasta la muerte, a la religión de Jesús.

Así las cosas, a Perpetua y Felicidad las rodearon con una malla y las colocaron en la mitad de la plaza, soltaron una vaca bravísima, la cual las corneó sin misericordia. La gente emocionada al ver la valentía de estas dos jóvenes madres, pidió que las sacaran por la puerta por donde llevaban a los gladiadores.

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Santas Perpetua y Felicidad

Pero luego el pueblo pidió que les cortaran la cabeza allí delante de todos. Al conocer la situación, las jóvenes valientes se abrazaron y volvieron a la plaza. A Felicidad le cortaron la cabeza, pero el verdugo que tenía que matar a Perpetua se equivocó en el golpe y ella dio un grito de dolor, pero extendió bien su cabeza sobre el cepo y le indicó al verdugo con la mano, el sitio preciso de su cuello donde debía darle el machetazo. Así esta mujer valerosa hasta el último momento demostró que si moría mártir era por su propia voluntad y con toda generosidad. (Tomado del santoral de la Iglesia Católica).

 De esta manera, sobresale otro de los muchos ejemplos de estas heroínas del cristianismo, con una valentía que las destaca de muchas otras mujeres, pues por su gran valentía y una fe extrahordinaria son capaces de enfrentarse a los tormentos más impresionantes, con la certeza de que su deber es luchar hasta el final por la defensa de su fe.

Conclusiones

Así pues, gracias al acercamiento de las narraciones sobre las mujeres santas mencionadas en el Santoral, se puede reflexionar sobre la entrega total y profunda convicción en sus ideales que convierte a estas figuras en íconos dignos de admiración, quizá para los no creyentes sólo representan “mujeres confundidas víctimas de la locura”, pero para los católicos, constituyen modelos de una fe implacable, una esperanza en los momentos de crisis y unas intercesoras que por sus méritos son favorecidas por el poder de Dios para responder a sus peticiones.

Además, la valentía de estas santas femeninas trasciende muchas barreas sociales, que determinan la homogeneidad de lo que se concibe como el ideal de los femenino, muchas de estas mujeres no se limitaron a la pasividad, sino que se resistieron a la sumisión y desobedecieron los mandatos de sociedades que les impedían la vivencia de su religión y de sus ideales.

En este sentido, la relación entre la santidad, violencia y renuncia a la feminidad parece ser inherente a la figura heróica de las santas, transgresoras de la sociedad patriarcal, puesto que su vida es el reflejo del conflicto entre la voz del patriarcado que les impone los roles de fiminidad (maternidad, ser esposas, madres, bellas, sumisas, obedientes del poder) y el llamado de su fe representado por la voz religiosa del cristianismo.

No se cuestiona que en algunos casos quizá se vieron en conflicto por la pluralidad de voces que formaba parte de su entorno, aún así decidieron tomar el camino que las conducía a la libertad, sin temor a las consecuencias, con la plena certeza de seguir el camino que les parecía correcto incluso en contra de la sociedad y a pasar de que en muchos casos para conseguirlo sufrían acciones de violencia, en búsqueda de la salvación. Así pues, las mujeres santas efectivamente transgreden los roles de feminidad impuestos por el discurso patriarcal.

Finalmente, es a partir de polifonía de voces que se genera un conflicto en la vida de estas mujeres, por un lado las voces del patriarcado pretenden obligarlas a ser dóciles, madres, esposas, mujeres ideales dentro de la sociedad, y por otro lado, las voces enmarcadas del cristianismo marcan una fuerte ideología que es incluso más fuerte en el actuar de las mujeres santas. Sin duda, es através de  la polifonía que se da la interacción de múltiples voces, con conocimientos, opiniones e ideologías que interactúan y se manifiestan en diferentes discursos a través de las voces enmarcadas, en un diálogo con las relaciones de poder (patriarcado/cristianismo) que determinan el accionar de los individuos.

Bibliografía

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