xLa transmisión de la memoria tradicional en el inconsciente colectivo a partir de la figura del cuentacuento

 

Por: Geaninni Ruiz

Introducción

El siguiente trabajo es un espacio de reflexión sobre la relación entre las manifestaciones culturales y el inconsciente colectivo, puesto que este último deja su impronta en el establecimiento de arquetipos y símbolos que se reproducen en cuentos tradiciones, mitos y leyendas.  De esta manera partimos del enfoque psicoanalista para determinar cómo se construye una memoria o imaginario y en qué forma esta se transmite en una colectividad.  En este caso, se analizará el rol que tendrá los cuentacuentos como  transmisores de la memoria tradicional, pues por medio de la repetición de sus cuentos se  perdura un imaginario popular. Además, la investigación corresponde a un requisito indispensable para la aprobación del curso de Folclore y tradición popular.

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El tema de los narradores tradicionales, es decir, cuentacuentos no ha sido abordado a profundidad dentro de los estudios literarios costarricenses, ya que se privilegiado  más  la narración misma (cuento, leyenda, historia) que quién la cuenta. El profesor Roland Solano (1996) en el  artículo titulado  ¡Qué no sabía Tata Mundo! Narración, saber y seducción estudia desde una perspectiva psicoanalítica el saber (imaginario popular) que muestra Tata Mundo como narrador,  pues utilizando la  seducción de la palabra capta por completo la atención de sus oyentes. A su vez, Tata Mundo es considerado “una fuente de historias” (1996, p. 83) puesto que  reproduce una larga tradición de narradores que estuvieron antecediendo su papel. Esta relación entre el oyente y el narrador se establece en una dinámica fundada en la falta del saber en el Otro y de que esa existencia

del Otro genera un efecto en el oyente, en otras palabras, se efectúa  una transferencia. Posteriormente, el autor afirma “La transferencia es una relación que se funda en una atribución de saber por parte de un sujeto a un Otro, es decir, una atribución epistémica” (1996, p. 83). Según el análisis, Tata Mundo es un narrador que no es consciente del sentido de sus historias, en muchos casos, las cuenta en el arte de contar; no obstante, interpela directamente al oyente. Por último,  se establece

Una historia más que significar, hace, afecta al lector que le pone su afecto […] Una narración toca al lector, toca la sujeto (esta es la tesis freudiana sobre la tragedia) Narrar es una forma de enredar, de meter en la red, al sujeto en el discurso del Otro, enredo en el cual se dis-fruta, se usufructúa las miles y hieles de la seducción textual(sexual). (1996, p. 87)

En cambio, el profesor Juan Santiago Quirós Rodríguez en su artículo denominado El narrador guanacasteco de cuentos populares tradicionales trabaja la presencia real del cuentacuento en la comunidad, describiendo las características de aquellos hombres y mujeres que se dedican al arte de narrar. Este artículo es un opúsculo secundario de una investigación previa que se estaba efectuando en Guanacaste, la cual consistía en la recopilación de cuentos populares propios de la región, sin embargo por razones de financiación tuvo que suspenderse. El autor se centra más en propiciar los datos que fundamentan el perfil sociocultural del narrador. Es decir, se profundiza en el aporte cultural que hace el cuentacuento: “Sin el narrador, el cuento no habría pasado de ser una simple historia loca, quizás hoy olvidada y no hubiera podido trascender los límites impuestos por el tiempo y el espacio” (s.f.:  66).

La condición hipotética de la que se parte buscará ejemplificar mediante tres fuentes proporcionadas por la literatura costarricense el rol del cuentacuento como transmisor del saber popular, en el primer caso, la tía Panchita, como narradora tradicional y a su vez, de segundo,  Tata Mundo y el Negro Cantor, como narradores infantiles . La sabiduría que estos manifiestan es el resultado de una larga  tradición oral que transfiere modelos, creencias y valores de una sociedad en general, pues sus cuentos están tejidos bajo un número indeterminado de distintas voces que han construido un imaginario popular, construido con base en arquetipos. Lo anterior, será explicado por medio del enfoque psicoanalista de Carl Jung,  quién establece cómo en el desarrollo de la cultura se repiten ciertas estructuras mentales, las cuales se entrelazan para la configuración del inconsciente colectivo.

Discípulo de Sigmund Freud, el psicoanalista Jung retoma la relación entre las manifestaciones culturales y el inconsciente colectivo, el cual tiene un carácter universal, pues todos los seres humanos compartimos ciertos patrones de comportamiento o símbolos que se repiten de una cultura a otra llamados: arquetipos. Al respecto se menciona:

“He elegido la expresión “colectivo” porque este inconsciente no es de naturaleza individual, sino universal, es decir, que en contraste con la psique individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son, cum grano salis, los mismos en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal en todo hombre.” (1970: 10)

El arquetipo corresponde a un modelo, representación que considera modelo de cualquier manifestación de la realidad o también imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo. La mente humana es la gran contenedora de las imágenes y asociaciones que se producen en el mundo onírico, además, esta se encarga de transmitir una herencia común psicológica.12

De esta manera, el cuento popular se consideraría una manifestación cultural permeada de arquetipos y símbolos,  que permiten vislumbrar el imaginario de una comunidad. Ya antes Freud había utilizado las tradiciones orales para explicar y sus resultados sobre el comportamiento de la mente humana, pues estas utilizan  un lenguaje simbólico. Con relación con lo anterior, Jung menciona:

“Así, por ejemplo, el cuento tradicional y el mito expresan procesos inconscientes, la práctica de narrarlos opera en la rememoración y revivificación de los mismos, reactivando así, el vínculo entre consciente e inconsciente” (Jung citado por León del Río, 2007: 41)

Esta acción que señala Jung sobre la rememoración y revivificación de los cuentos tradiciones y mitos, en cierta manera, corresponde a la función que realizan los cuentacuentos; pues en su tarea de entretener a su público inevitablemente recurren a una tradición oral que traspasa su misma persona, pues ellos terminan siendo un instrumento más de las historias, las cuales se perduran a través de ellos; asemejando lo que una vez fue la función de los aedos y rapsodas de la grecia antigua. La vitalidad de los cuentos populares consiste en la multiplicidad de versiones que se pueden conseguir de un texto, pues los cuentos variarán según los momentos de enunciación. Como afirma Santiago Quirós Rodríguez en relación con la figura del narrador:

“Al narrador, se le deben las múltiples versiones que existen de un mismo cuento; porque él, de acuerdo con su idiosincrasia, sus creencias, sus costumbres, su región y su auditorio, va añadiéndole y quitándole motivos al cuento – dejando invariable su estructura fundamental – hasta convertir una versión en otra, más acorde con las exigencias del lugar o de la época en que narra. A él se le deben también, la fuerza y la vitalidad que posee el cuento popular y que le ha permitido sobrevivir a lo largo de los siglos”  (s.f: 66)

El cuentacuentos norteamericano Bobby Norfolk afirma que “El arte de contar cuentos es una forma de arte que trasciende la edad, la raza y la cultura. Va directamente al corazón de la experiencia humana”. Es decir, no sólo consiste en entretener al público, sino que a partir de los cuentos se transmite un saber sobre cómo se ve el mundo.  Y de hecho, desde la cultura oficial el saber popular no es considera como un criterio verdadero debido a la dificultad de su sistematización:

“El saber popular no posee la sistematización del saber escolar o del saber científico, sino que se acerca y logra dialogar con ellos. Nace de la relación de las personas entre sí y con sus producciones culturales (materiales o inmateriales). La cultura propicia que hombres y mujeres, sean del campo o la de ciudad, escolarizados, subescolarizados o no escolarizados, tengan lecturas importantes del mundo en el cual actúan y al que transforman; ellas y ellos construyen saberes cuyo propósito es facilitar la convivencia y la interacción en su medio social” (2011: 74)

Posteriormente, el estudioso Santiago Quirós evidencia la relación que presenta el cuento popular con el medio cultural en que se desarrolla, en otras palabras, la comunidad.  De hecho, gracias a la presencia de la comunidad y es que los cuentos se siguen rememorando.

Su nombre “cuento popular” es más una denominación sociocultural que literaria, y alude al estrato social en que, con preferencia, se ha conservado el cuento y a la forma en que ha sido transmitido. El pueblo es quien lo mantiene con vida: nació con él y en él se nutre, y ese mismo pueblo lo va heredando  sus descendientes, de forma oral, de idéntica manera a como transmitir tradiciones  auténticamente suyas (s.f.: p. 65)

El narrador y la memoria

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La cultura popular es el resultado de la interacción de distintos procesos sociales, culturales y políticos que comparte una colectividad en un tiempo y lugar determinado; desde su interior surgen manifestaciones artísticas propias que ejemplifican la forma en que ha entendido el mundo. La mayoría de este conocimiento se transmite de manera oral, no se fija mediante la escritura, se preserva y transmite por medio de la memoria de todos los miembros del pueblo. De hecho, si nace un nuevo miembro eventualmente aprenderá la visión de mundo por medio de bailes, cuentos, leyendas y mitos de la sociedad a la que pertenece.

Jung (1970) apunta a que los seres humanos logramos incorporar una visión de mundo, debido a que se comparte una herencia mental (memorial) que  revive cuando se efectúa alguna práctica cultural. En este sentido, afloran las siguientes interrogantes ¿quién o qué es el encargado de transmitir la memoria de un pueblo? ¿Hay acaso una persona designada a cumplir tal labor? En el caso de la cuentística, su mantención se efectúa por medio de un narrador que conoce todos los cuentos de la comunidad en que vive, puesto que  anteriormente ya se los han contado. Se establece así una larga cadena de narradores populares que han velado para que las historias se conserven, ya que estas  representan a la comunidad y permiten comprender los símbolos que configuran su imaginario.

La literatura costarricense ilustra la presencia de algunos narradores populares que fueron plasmados en papel mientras ejercían su rol de transmisores de la memoria del pueblo. Los personajes aquí reunidos son meramente ficcionales, sin embargo, no pueden despegarse de la tradición popular en la que son concebidos.

La escritora María Isabel Carvajal, cuyo seudónimo fue Carmen Lyra, en la década de los veinte realizó una recopilación de cuentos populares que fue destinada al público infantil. Estos cuentos parecen haber sido narrados por la tía Panchita, quien a partir de estos alimentaba el imaginario de los niños. En el prólogo del libro, Carmen Lyra explica la cercanía que tuvo cuando era pequeña con la tía. Las historias contadas por tía Panchita no son de su autoría, ni ella pretende tal cosa, pues lo que más vale  es seguir contándolas, ya que son de ella y de todos. Verbigracia, “¿De dónde cogió la tía Panchita? ¿Qué muerta imaginación nacida en América los entretejió, cogiendo briznas de aquí y de allá, robando pajillas de añejos creados en el Viejo Mundo? Ella les ponía la gracia de su palabra y de su gesto que se perdió con su vida”  (2002: 17).

La tía Panchita es conocedora de la tradición popular en la que vive, no mira el mundo de manera lógica, pues – nos cuenta Carmen Lyra- ella  es criticada por  sus otros hermanos sobre la pertinencia de los cuentos en la mentalidad de los niños, debido a que el tío Pablo opina la inconvencia de sembrar fantasía e irrealidad en los pequeños. No obstante, la tía Panchita que no tiene un conocimiento científico sobre el mundo, establece un mejor vínculo con los niños “¡La querida viejita que no sabía de Lógicas y Éticas, pero que tenía el don de hacer reír y soñar a los niños!” (2002: 18).  De esta manera, la sabiduría de la tía Panchita versa sobre lo humano, pues ejemplifica cómo sobrevivir socialmente, siendo “chispa y astuto” para “no llevar palo”.

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En el prólogo, se evidencia la tensión entre el saber popular y el saber científico, pues el primero se encuentra supeditado al segundo, mediante el proceso de legitimación cultural. Por tanto, no es de extrañar la molestia que causa la tía Panchita al contar sus historias a los niños, pues para aquellos doctos, lo que la tía sabe es un montón de “disparates”, como se ejemplifica en la siguiente cita:

Las otras personas de mi familia, gentes muy prudentes y de buen sentido, reprochaban su manía de contar a sus sobrinos aquellos cuentos de hadas, brujas, espantos, etcétera, lo cual según ellas, les echaba a perder su pensamiento. Lo que sé es que ninguno de los que hablaban, logró mi confianza y que jamás sus conversaciones sesudas y sus cuentecitos científicos, que casi siempre arrastraban  torpemente una moraleja, despertaron mi  interés. Mi tío Pablo, profesor de Lógica y Ética en uno de los Colegios de la ciudad, llamaba despectivamente cuenteretes y bozorola los relatos de la vieja tía. (2002: 20)

El saber de la tía Panchita se desvaloriza dentro de la objetividad pretendida de la ciencia, sin embargo, la viejecita no se inmuta ante los comentarios de los otros y sigue compartiendo historias con todo aquel que quiera oírla. De la misma manera, Tata Mundo se presenta como un conocedor de la vida, un hombre que la experiencia y el andar rodando tierras lo han llenado de un saber práctico sobre cómo vivir . Así, a lo largo del tiempo, ha ido recopilando historias propias y de otros, sobre momentos o circunstancias que le permiten tener un consejo o moraleja hacia aquellos que lo escuchan. Tata Mundo recuerda la tradición que lo ha precedido “La historia que voy a contarles – dijo Tata Mundo- no es cosa que me conste verdadera, hasta se me hace que naide la vido nunca en ojos de cuerpo presente, porque me llegó de mi mama que me la contaba siendo muy niño” (1993: 86).  Pues como ya había mencionado Santiago Quirós, la memoria a la que los narradores populares hacen uso,  nace del seno del medio cultural, es decir, el pueblo.

Roland Solano en el artículo ya antes citado  indica que “Las historias tienen una curiosa forma de cadena narrativa: son contadas por un narrador que las oyó de Tata Mundo, quien a su vez las oyó de otros o las inventó. Esto quiere decir que quien cuenta las historias fue antes “oidor”, intérprete” (1996: 82). La circularidad en que se  transmiten las historias hace que aquellos que un día fueron oyentes se conviertan  algún día en futuros narradores, pues es un proceso social  que participa todo aquel que desee ser parte de la colectividad.

Isaac Felipe Azofeifa en el prólogo (1970) de las Obras completas de Fabián Dobles menciona que las historias de Tata Mundo presentan temas y tipos tradicionales de la cuentística nacional. Además, afirma que “El cuento tradicional no personaliza al narrador, ni determina tiempo y espacio reales” (1993: 86). Cabe rescatar lo que comenta el poeta, pues aunque la tía Panchita y Tata Mundo son los narradores ambos no buscan adjudicarse la autoría de las historias, sino revivir la memoria popular por la que fueron creadas los cuentos.

Empero, cuando la tía Panchita cuenta las aventuras  y “gracias” de tío Conejo, este no solo es un personaje más, sino uno muy sui generis, pues su presencia se remonta desde la tradición africana y se conoce en ese contexto como  el  hermano Anancy.  Así, se demuestra la vitalidad de distintas tradiciones para la configuración de una memoria, pues la  impronta de una tradición es determinante para entender un imaginario, esto no quiere niega la posibilidad de que no cambie su versión, sino al contrario, es gracias a esa readopción que vive.  Tal es el caso, del trickster. Según Jung, el trickster “pone en manifiesto la desvalorización del antiguo estado de la inconsciencia” (Jung citado por Scriemieri, s.f: 4). En otras palabras, tío Conejo es un arquetipo que cobra vida cada vez que la tía Panchita lo nombre.

Tata Mundo centra la temática de sus cuentos en la identificación de personajes populares generalmente tipificados, con el fin de que sean reconocidos fácilmente por sus oyentes. Por ejemplo: el contrabandista ingenioso, el cura supersticioso, los gemelos que cambian de identidad, la hechicera, la disputa de una herencia familiar, el reo pícaro, entre otros.

El caso del Negro Cantor es muy distinto de los anteriores, pues él forma parte de los personajes de la historia de Cocorí, de hecho, él se encarga de contarle al negrito cuentos, canciones y leyendas; también es la única persona que le revela el secreto de la rosa. El Negro Cantor, es más poeta que narrador, pues no interviene directamente en la historia, sino que su participación es parcial, y  determinante para Cocorí. No obstante, se busca enfatizar que el Negro Cantor si ejerce un rol como transmisor de un saber popular (memoria). Pues sus versos y cantos giran en torno a una conocimiento heredado, que a su vez, él busca transmitir a Cocorí: “¿Qué es la vida de Talamanca la Bocarará, que se arrastra perezosa asolando todo a su paso y durmiendo largas digestiones? ¿Y don Torcuato, bilioso por el poder de su vecina, que se desquita haciendo daños a su alrededor?” (Gutiérrez: 1995: 76).

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El Negro Cantor coincide con Tata Mundo y la tía Panchita en que las tres figuras poseen un saber humano, pues por medio de sus historias o versos, quieren dejar  una enseñanza a sus oyentes. Este deseo es lo que se conoce en psicoanálisis como un proceso de transferencia, el cual consiste en

“Una relación que se funda en una atribución de saber por parte de un sujeto a otro, es decir, en una atribución epistemológica. Esta relación transferencial no se limita a la situación analítica sino que se extiende a situaciones en las que está de por medio de una demanda de saber, sobre todo aquellas que tienen una dimensión pedagógica” (Solano, 1996: 8)

Esta función pedagógica es el fin de la narración, del rescate de la memoria tradicional, pues se desea preservar los valores y costumbres que identifican una comunidad. Por ejemplo, Tata Mundo cuenta en más de una oportunidad, las aventuras y fiascos de algunos de sus conocidos, a raíz de una situación acaecida con el objetivo de que sean un espejo (reflejo) para los otros. Verbigracia, “- ¡Hijo de Dios: pero qué temeridad es hacer un nudo y en seguida no saber cómo desenredarlo! Asina le pasó a una comadre que yo tuve y que, ya verán ustedes, por dárselas de panadera metió al horno un pastel que se le chamuscó todo y se la llevó por último de encuentro” (Dobles, 1996: 89).   De esta manera, narra cómo su comadre Fidelina salió adelante con su hija, haciendo ciertos trabajos no tan bien vistos como de bruja o hechicera, para no morirse de hambre. Una posible moraleja de lo anterior, sería que a pesar de las limitaciones o dificultades se hace lo que se puede con lo que se tiene.

La tía Panchita tiene breves espacios donde comenta las acciones de tío Conejo, pues en algunos cuentos tío Conejo siempre se sale con las suyas,  no dando buen testimonio como cristiano, no obstante, la tía afirma no estar tan convencida de esas malas acciones que se le achacan a tío Conejo   “Cuando terminaba el cuento la tía Panchita, siempre añadía con tristeza – ¡Achará que tío Conejo fuera a salir con acción tan fea! Yo más bien creo que fue tía Zorra y que quien me lo contó se equivocara” (Lyra, 2002: 102). E insta a que vemos en tío Conejo como logra salir de la mejor manaera con las dificultades o problemas en lo que se ve metido, pues es un pícaro y bribón y aunque la tía Panchita no lo quiera.

Mientras que el Negro Cantor  centra su mirada en Cocorí (es el personaje con que más interactúa) y lo  guía por medio de canciones y versos a la travesía que emprenderá en búsqueda del significado de la rosa y por ende, de la vida. Lo fundamental no es cuánto tiempo se vive, sino cómo se aprovecha el tiempo que se tiene.  Entendiendo lo anterior, la rosa tuvo una vida larga, porque fue útil “Tu rosa vivió en algunas horas más que los centenares de años de Talamanca y don Torcuato. Porque cada minuto útil vale más que un año inútil” (Gutiérrez, 1995: 78).

El cuentacuentos y el entretener

Como ya se trató en la sección pasada, el cuentacuento no sólo transmite las historias con el fin de conservar una memoria cultural, sino también por entretener. En este sentido, el elemento lúdico de los cuentos es vital a la hora de que los oyentes se sientan a escucharlo. Como ya antes lo había dicho Horacio “deleitar, instruyendo”. Tía Panchita, si hace un uso de los personajes de ficción de los cuentos de hadas, en cambio, Tata Mundo es más realista, usa personajes comunes en situaciones un ligeramente extremas. El Negro Cantor, en cambio construye imágenes poéticas de la naturaleza por medio de sus palabras. Así, de una u otra manera y con mecanismos narrativos muy diferentes,  los tres personajes logran captar la atención de sus oyentes.

El cuentacuento es el responsable de invitar a un mundo de fantasía y abrir en la mente de sus oyentes, nuevas posibilidades de cómo entender la realidad. Los niños y adolescentes son el público más sensible a los cuentos o leyendas. Carmen Lyra remarca el poder de sugestión de las historias de la tía Panchita que han logrado impregnarse en su memoria  “¡Qué sugestiones tan intensa e inefables despertaban en nuestras imaginaciones infantiles, las palabras de sus cuentos, muchas de las cuales fueron fabricadas de un modo incomprensible para la Gramática y que nada decían a las mentes de personas entradas en años y en estudios!” (Lyra, 2002: 31).

Tata Mundo por su singular modo de contar los acaecimientos propios y ajenos de una manera lúdica, consigue que su interlocutor también se identifique con ellos, pues como dice en uno de sus cuentos “a cualquiera le puede pasar”. De hecho, en cada historia se da la libertad de explayar alguna imagen o relación que explique la historia como en El gato con zapatos, comienza la narración diciendo “Pues es lo que yo digo: quien mete a los gatos con zapatos y a los ratones con calzones” (Dobles, 1993: 236). Posteriormente, explica la relación de ese refrán con los sucesos que le pasan en la finca bananera mientras trabaja ahí.

El Negro Cantor, según mamá Drusila, es un hombre vago pues se la pasa sentado debajo de un árbol, cantando y componiendo nuevas canciones, por lo tanto, debido a su condición poco fanosa al trabajo, puede estar pendiente de todo lo que sucede a su alrededor. De hecho, cuando Cocorí vuelve del barco, este le pide que le confeccione una canción para su rosa “La rubia ya viene, la niña rubia se va, tiene el cabello de lino y la carne de ananá, pero nos dejó una Rosa, roja a la orilla del mar” (Gutiérrez, 1995: 31). De esta manera, el Negro Cantor no sólo entretiene con sus palabras, sino que vive de ellas.

Angela Moger (citada por Solano) en The oscure object of narrative afirma que el contar una historia

Puede ser, entonces, una manera de hacer una propuesta deshonesta, una manera de acercarse a otra persona para llevarla a algo a lo que no podría llevarla diciéndole directamente. A través del subterfugio del deseo desinteresado de dar algo – el sentido, la lección, la clave, el cuento – a otro, uno logra obtener una forma control de ese otro. (1996: 22)

Es decir, que el interés por conocer el desenlace de la historia, puede que también sea un deseo inconsciente que surge  a partir de un arquetipo de algún personaje mencionado en el cuento.  Ya que los cuentos despertaran en los oyentes sentimientos de identificación o rechazo según las características morales en las que se comporta el personaje y que el cuentacuento quiera dar más atención.  Así es como en el cuento de La negra y la rubia  hay una preferencia a escoger a la rubia, pues ella es víctima y además, es bonita; y por esas dos atributos merecerá el favor de la Virgen María, quien se convierte – por así decirlo- en su hada protectora. Se entiende todo posible favoritismo hacia la rubia, pues la negra aparte de ser fea es una mala persona.  E inconscientemente, se nos describe los valores sobre qué es belleza y qué, no.

Asimismo, Tata Mundo cuando narra alguna vivencia de otro personaje a parte de la identificación, desea provocar un sentimiento de compasión en el  oyente al personaje. Como ocurre con un compadre suyo que fue capturado por la guardia civil mientras trafica alcohol de contrabando, el oyente espera que la artimaña que efectúa el compadre de Tata Mundo le resulte favorablemente, porque Tata Mundo dice que este hombre es un buen cristiano y gran trabajador. Contrariamente, al Negro Cantor quien no narra ninguna historia en participar, pues se expresa a partir de una poética, crea imágenes de la selva y de los personajes de ella, que enriquecen la narración del pequeño Cocorí “El Negro sacó su flauta y comenzó a arrancarle un lamento suave, que fue creciendo y multiplicandose entre la arboleda. Pronto una multitud de pájaros piaba a su alredeor tratando de imitar la música ” (Gutiérrez, 1995: 31).

Conclusiones

  • Cada pueblo en particular desarrolla sus propias manifestaciones culturales: cuentos, leyendas, mitos, canciones y bailes; los cuales determinan un imaginario del mundo que se comparte dentro de una misma colectividad. En el caso de la cuentística,  esta se conserva por ciertos agentes que mantienen esa memoria tradicional, es decir,  los cuentacuentos.
  • La propuesta de análisis de Jung sobre la relación del inconsciente colectivo en las distintas prácticas culturales permitió entender cómo se configura el rol del cuentacuento, pues este también es atravesado por arquetipos y símbolos que prevalecieron su existencia y configuran la realidad en la que vive. Los cuentacuentos de manera inconsciente reproducen valores y arquetipos que se filtran en sus historias permitiendo establecer una identidad sobre un pueblo. Asimismo, se logró demostrar la condición hipotética de la que se partió en el análisis, pues por medio de la figura de la Tía Panchita, Tata Mundo y el Negro Cantor, se ilustró los distintos grados que utilizan estas figuras para establecerse como transmisores de un saber popular.
  • El saber popular dentro de la óptica cientificista resulta ser supeditado ante la cultura oficial, sin embargo, este aporta una reflexión humana sobre cómo vivir y a su vez, cómo han vivido hombres y mujeres que nos han antecedido. concluyendo así, que el ser humano se desarrolla integralmente en una sociedad.
  • La conservación de la memoria tradicional también se auna a la función lúdica de las narraciones (y canciones, en el caso del Negro Cantor) pues se busca entretener a los oyentes por medio de distintos mecanismos narrativos, que tendrán como resultado provocar un sentimiento de identificación en los oyentes. También, se enfatizó en la  premisa  del  “deleitar, instruyendo” pues claramente, hay una finalidad pedagógica en las distintas narraciones como canciones en señalar un camino sobre de cómo vivir de la mejor manera.

 

Bibliografía

Dobles, Fabián.(1993). Obras Completas IV. San José: Editorial Costa Rica.

Gutiérrez, Joaquín.(1995).  Cocorí. San José: Editorial Costa Rica.

Lyra, Carmen.(2002).  Los cuentos de mi Tía Panchita. San José: Editorial Grupo Antares.

León del Río, María Belén. (2007).  “Arquetipos e inconsciente colectivo en las artes plásticas a partir de la psicología de C. J. Jung”. En Arte, Sociedad y Individuo. Vol 21, p. 37-50.

Quirós Rodriguez, Santiago . (s.f.) El narrador Guanacaste de cuentos tradicionales. Revista Herencia. Universidad de Costa Rica. N 1. 64- 68

Solano, Ronald. (1996).  “¡Que no sabía Tata Mundo! Narración, saber, seducción”. Revista Girasol. N 1.  81- 88.
Lopes da Silva, Jorge Eduardo. Una reflexión sobre el saber popular y su legitimación.  Universidad Federal de Paraíba. Tomado de  http://www.alfabetizacion.fundacionsantillana.org/archivos/docs/Una%20reflexi+%C2%A6n%20sobre%20el%20saber%20popular%20y%20su%20leg.pdf

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