LO MÁGICO-RELIGIOSO EN “CUENTOS DE HADAS” DE CARMEN LYRA

Grettel González Acuña
Rosa María Segura Ortega

 Introducción

Como parte de la cultura popular, magia y religión están insertas en ella desde el origen de la civilización, ambas buscan ayudar al hombre a encontrar significado en un mundo que frecuentemente es hostil a sus inclinaciones, y a salvarlo de circunstancias adversas. Cada una ofrece una visión de mundo, razón por la que resulta interesante cómo se entrelazan de forma maravillosa e inconsciente en las tradiciones orales populares que hacen eco de ellas y reflejan la experiencia humana, cualquiera que sea la afirmación de la revelación sobrenatural.

En el albor de las creencias y antes de la irrupción del cristianismo, no existía diferencia alguna entre magia y religión. En el pensamiento primigenio, la adoración de los elementos de la naturaleza estaba igualmente ligada, como lo puede estar en la religión cristiana, a fuerzas que diversamente controlaban la vida del hombre, favoreciéndolo o perjudicándolo y cuyo favor siempre procuró ganar para su provecho. Este pensamiento originario, asociado con la naturaleza y sus elementos como un todo, es el que se encuentra en la base de las antiguas religiones paganas practicadas por las gentes del campo (Fox, 1986).

La palabra pagano, que proviene del latín paganus, quiere decir aldeano, rústico, o perteneciente a la aldea. Los aldeanos o campesinos, cuya vida giraba principalmente alrededor de la naturaleza, practicaban creencias fuertemente relacionadas con ella, designada también vieja religión; esta forma de pensamiento primitivo fue asociada por el cristianismo, siglos después, con una forma de pensamiento exclusivamente mágico. En esta forma de razonamiento todas las cosas pueden ser animadas y vivientes; se trata de un mundo donde no existen límites entre lo real y lo irreal, no existen barreras de personalidad entre el hombre y todo aquello que lo rodea: un universo en donde el concepto de hombre como individuo es nulo, porque es parte indisoluble de todo lo circundante. De esa cosmovisión surgen los primeros principios de lo que se entiende como magia; probablemente más remota que la religión, pero que en su contexto primitivo no se entendía como tal, sino como una creencia y práctica tan sagrada, entonces, como lo ha venido a ser posteriormente, para muchos, el cristianismo.

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El templo de Apolo en Delfos fue un centro religioso importante en la antigüedad

La magia está contenida en todas las religiones en la forma del milagro y la diferencia primordial entre esta y aquella es que el milagro necesariamente implica la ayuda de la deidad, mientras que en la magia no necesariamente existe el socorro divino. Esta diferencia es fundamental para entender el enfoque particular de lo mágico y el de lo religioso; en el origen de ambos se halla el principio de lo sagrado, objeto de culto por su relación con fuerzas de condiciones distintas o desconocidas y fuerzas sobrenaturales (Donovan, 1988).

Con el paso del tiempo, la cultura tradicional popular incorpora en gran medida estos elementos de carácter mágico, procedentes de las viejas religiones paganas; junto con principios de la religión cristiana, que luego darían una connotación negativa a la palabra magia, para diferenciarla de lo milagroso, producto de la “verdadera fe”.

El cuento tradicional popular absorbe múltiples elementos mágico-religiosos que forman parte de su estructura y construyen un discurso de tipo maravilloso, manifiesto a través de la presencia de componentes del mundo natural, religioso y mágico, y que a su vez forman parte de espacios profanos y sagrados. En la literatura popular costarricense, los Cuentos de Mi Tía Panchita de Carmen Lyra reflejan la oralidad de un contexto cultural particular, donde los componentes de lo sagrado y lo profano se amalgaman, en este sentido, reúnen un corpus representativo del pensamiento mágico religioso.

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Lo sagrado y lo profano

Como creaciones sociales, magia y religión son instituciones no solamente con un cuerpo de creencias y valores en torno a seres sobrenaturales y a su relación con los seres humanos; sino que además, establecen una concepción acerca de la naturaleza. Fuerzas sobrenaturales e invisibles que trabajan en el universo fundamentan el pensamiento sagrado, e intervienen en la obtención de beneficios mediante algún tipo de rito particular. La magia y religión incorporan una serie de prácticas y rituales con el fin de obtener aquello que excede los términos de la naturaleza; y, por lo tanto, su manifestación se da en el perímetro heterogéneo de lo sacro.

Este trabajo tiene como objetivos identificar los componentes mágicos y religiosos insertos en los “cuentos de hadas” de Carmen Lyra, con el propósito de comparar y establecer los recursos analíticos que se emplean para interpretar la teoría de lo sagrado y lo profano que permiten  analizar esos componentes dentro del discurso narrativo del cuento tradicional.

Por lo tanto, las teorías planteadas por Mircea Eliade (1981) en Lo Sagrado y lo Profano; Marcel Mauss y Emile Durkheim en El Sistema de Creencias, ofrecen diversos enfoques que permiten establecer una diferenciación básica entre los componentes maravillosos característicos del pensamiento mágico-religioso.

Lo sagrado, lo profano, hadas y santos

El conjunto de características propias de los cuentos de hadas, por sus circunstancias, se distingue de otras categorías del cuento popular; como lo menciona Marta Madrigal (1995) de acuerdo con Aarne y Thompson, por hechos y personajes de carácter sobrenatural que reciben auxilio mágico en la forma de objetos maravillosos necesarios para llevar a cabo transformaciones mágicas. Los personajes heroicos han de cumplir una serie de trabajos específicos, con la ayuda de objetos mágicos que los llevarán a una feliz conclusión, cualquiera que sea la circunstancia adversa que atraviesen.

Las teorías de M. Eliade, E. Durkheim y M. Mauss establecen una serie de criterios que nos permiten analizar los componentes mágico-religiosos presentes en los cuentos de hadas de Mi Tía Panchita. El cuento tradicional incorpora una multiplicidad de estos componentes que forman parte de su estructura y construyen un discurso de tipo maravilloso; la diferenciación entre lo sagrado y lo profano, establecida por Eliade establece una serie de características entre elementos del mundo natural o profano donde se manifiesta lo sagrado (mágico y religioso). Mediante esta teoría es posible aplicar recursos analíticos para interpretar los componentes mágico-religiosos que se emplean en los cuentos fantásticos. En cuanto a la manifestación de lo sagrado, Eliade expresa que lo sagrado simplemente se manifiesta como algo diferente de lo profano:

La manifestación de lo sagrado en un objeto cualquiera, una piedra o un árbol hasta la hierofanía suprema, que es, para un cristiano, la encarnación de Dios en Jesucristo, no existe solución de continuidad. Se trata siempre del mismo acto misterioso: la manifestación de algo «completamente diferente», de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte integrante de nuestro mundo «natural», «profano». (Eliade, 1981, p.10).

Los objetos no son venerados en cuanto a lo que son en esencia, sino por su carácter hierofánico que descubre lo sagrado en ellos; un objeto cualquiera mantiene su esencia original, pero al mismo tiempo, para aquellos que viven la experiencia mágico-religiosa, adquieren poderes sagrados.

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Prácticas rituales

Pertenecientes a una agrupación de individuos, tanto la religión como la magia encierran una serie de prácticas y rituales con el propósito de obtener la ayuda o el favor de lo sobrenatural. Por lo tanto, magia y religión son fenómenos que se revelan en el ámbito de lo sagrado, en espacios cualitativamente diferentes, heterogéneos. La manifestación de lo sagrado rompe con los espacios seculares, puesto que revela un axis mundi, un espacio que trasciende lo natural.

Desde el momento en que lo sagrado se manifiesta en una hierofanía cualquiera no sólo se da una ruptura en la homogeneidad del espacio, sino también la revelación de una realidad absoluta, que se opone a la no-realidad de la inmensa extensión circundante. La manifestación de lo sagrado fundamenta ontológicamente el Mundo. (Eliade, 1981, p.15).

Los valores y creencias sagrados de la colectividad, lo son por su carácter repetitivo; Marcel Mauss apunta que la magia y la religión se asemejan porque en ambas existe una intervención de fuerzas espirituales. Desde un punto de vista folclórico, magia y religión no se excluyen, sino que coexisten simultáneamente en el seno de una misma cultura, revistiendo ambas el mismo aspecto sagrado.

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La magia manipula el entorno

En esta perspectiva, en la base de todo pensamiento sagrado hay fuerzas anónimas impersonales que intervienen en los ritos cuya eficacia queda sujeta a las palabras, gestos, voz o movimientos empleados en ellos. Por lo tanto, estos se convierten en vehículo de esta fuerza impersonal que Durkheim denomina mana, situada por encima del poder del hombre y fuera del curso ordinario de la naturaleza. En este sentido, siguiendo a Durkheim, se puede señalar que los objetos pueden poseer alguna fuerza o energía sobrehumana que traspasa la homogeneidad de lo cotidiano. Esta fuerza vital -no moral- que está presente en las cosas se aprecia por los efectos producidos al servirse de ellas.

Como formas de actuación, dentro de lo mágico-religioso, es mediante los ritos que el hombre sella su relación con lo sobrehumano; existen ritos de paso, tránsito y de intensificación, estos últimos con el propósito de solucionar crisis individuales o comunitarias, pero englobando a su vez los de multiplicación, destinados a evitar la escasez o pobreza.

Cuentos de hadas de Mi Tia Panchita: Entre lo sagrado y lo profano

A partir de los elementos y teorías descritas se identifican, comparan y establecen posibles relaciones de los componentes maravillosos descubiertos en los cuentos de hadas de Mi Tía Panchita.

Si bien es cierto en algunos de los cuentos analizados, diversos personajes se caracterizan por cualidades que el cristianismo señala como virtudes: humildad, justicia, caridad, bondad, entre otras, estas no pueden ser determinadas como hierofanías. Sin embargo, como cualidades de un personaje ellas pueden propiciar en ciertos casos la aparición de la ayuda divina que recibe el héroe de las diferentes historias en los Cuentos de Mi Tía Panchita. Por ejemplo, el personaje central en El Tonto de las Adivinanzas es descrito como humilde y bueno; no obstante eso no implica que reciba la ayuda sobrenatural.

La manifestación de lo sagrado puede darse a través de seres que aparentemente pertenecen al plano de lo profano, pero que con su presencia ponen a prueba las virtudes de un personaje central. El comportamiento ejemplar genera el favor de las divinidades que otorgan objetos mágicos o maravillosos; en este sentido es posible hablar de una doble hierofanía, ya que por un lado aparece la presencia de seres considerados divinos y, por el otro los objetos concedidos por estos seres que, aunque mantienen su esencia original, también tienen poderes sagrados; como menciona Eliade, estos objetos, aún adquiriendo poderes mágicos, continúan siendo vistos como lo que son desde un punto de vista objetivo. En el contexto del pensamiento mágico-religioso, estos objetos profanos manifiestan mediante poderes maravillosos una realidad ajena a este mundo, pero sin dejar de ser ellos. En Uvieta se presenta una situación similar; él es premiado por las tres divinas personas, quienes lo visitaron para pagarle favores, y de quienes recibe un saquito que le concede todas las cosas que deseaba, desde comida, “Vengan estos peces ya compuesticos en salsa a mi saco. Y de veras el saco se llenó de pescados compuestos en una salsa tan rica, que era cosa de reventar comiéndolos” (Lyra, 1999, p.21), hasta incluso apresar una persona o un ser sobrenatural: “¡Al saco el diablo!” (p.24). Otro de los objetos mágicos que Uvieta recibe es un “palito de uvas” que le permite dejar ahí a quien se suba en él y sin poder descender sin la autorización de Uvieta. Si bien el palito de uvas constituye una ruptura en el espacio homogéneo de lo profano, es a la vez un axis mundi y convierte la realidad en algo sobrenatural.

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Uvieta


 La eficacia de los ritos para obtener el favor de las fuerzas sobrenaturales depende de palabras, gestos, voz o movimientos empleados en ellos. Mediante el uso repetitivo de ciertas palabras, el rito es el medio por el que se hace presente el mana, esa fuerza impersonal más allá de la naturaleza y del hombre. Palabras rituales que generan este poderío es posible encontrarlas, por ejemplo en el cuento Juan, El de la Carguita de Leña, quien al recibir, de un ser maravilloso en este caso de una hada, un objeto mágico; él es instruido en las palabras que debe decir para obtener el favor de esta fuerza especial: “Ella le dijo: -Mira, Juan, aquí te traigo esta varillita de regalo. Es como un premio por lo sumiso que sos con tu mamá.” (p.27). Esta varillita se convierte en protectora de estabilidad y bienestar:

“Juan preguntó -¿Y para qué me sirve? Para todo lo que se te antoje: ¿Qué querés plata? Pues a pedirle a la varillita. Y si no, mira: cuando estés muy cansado, vas a tocar con ella la carga y al mismo tiempo le decís: Varillita, Varillita, por la virtud que Dios te dio, que mi carguita de leña me sirva de coche y me lleve a casa.” (p. 28)

Ya no se trata aquí únicamente de la hierofanía como tal, sino también del poder que ejercen las palabras rituales en la invocación de una fuerza que se hace presente en todas las cosas, y que forma parte de un rito de multiplicación, como en el caso del saquito de Uvieta, la servilleta y el borriquito en Escomponte Perinola.

Lo sagrado se manifiesta a través de lo repetitivo del rito, que invoca fuerzas espirituales presentes indistintamente en la magia y en la religión. En estas situaciones es claro que la intervención de alguna divinidad es necesaria para interceder en lo que se podría llamar justamente como milagros.

La servilleta de virtud en Escomponte Pirinola se la regala a Juan Cacho un ser sobrenatural (Tatica Dios):

“El viejito se fue sacando de la bolsa una servilleta blanquitica que daba gusto.” (p.35). Esta servilleta tiene el poder de conceder alimentos: “Extendé la servilleta en el suelo y decí: Servilletica por la virtud que Dios te dio, dame de comer” (p.36). El borriquito: Le concede plata a Juan. “borriquito, por la virtud que Dios te dio, repararme plata” (p.40).

Sin embargo, se encuentran cuentos como el de La Mica, donde la intervención divina no está presente y las transformaciones son puramente mágicas, aquí no existe hierofanía alguna que con su intervención procure la aparición de bienes, no se trata pues de ese elemento milagroso, sino más bien mágico, pero que al fin y al cabo resultan básicamente en lo mismo. Semillas de tacaco, cañuto de caña de bambú, pedacitos de comida son componentes mágicos que participan del proceso; no hay una deidad pero hay una fuerza sobrenatural que les confiere un poder por encima del hombre y que le permite a este manipular el mundo natural. Desde luego, sin dejar de lado la transformación de La Mica, víctima de un hechizo de bruja que la lleva a ese estado, como resultado de una venganza:

“una bruja enemiga de su padre, porque este no había querido casarse con ellas se vengó y convirtió a su hija en una mica” (p.57).

En el cuento El Cotonudo, las virtudes del personaje principal no le deparan la ayuda divina, su auxilio procede de los componentes mágicos que predominan en la historia. La presencia de estos elementos representa un tipo de ruptura del espacio natural, pues a pesar de ser objetos que mantiene su esencia natural, poseen al mismo tiempo cualidades maravillosas: tal es el caso de los animales feroces, la piedra a la cual estaba atado el príncipe encantado, que puede representar un axis mundi, el barco con cualidades mágicas, donde manos invisibles ejecutan los trabajos necesarios en el buque.

Las manifestaciones de las fuerzas espirituales no son siempre de tipo benigno; en el cuento La Suegra del Diablo, como su nombre lo dice, es el Maligno mismo quien encarnado en un ser mortal se expone a las vicisitudes de lo cotidiano, y se casa con la hija de una viuda muy astuta, quien descubre y pone en evidencia la naturaleza diabólica de su yerno. Con un ardid la suegra logra encerrar al Diablo en una pequeña botella y enterrarla para deshacerse de él. La botella es también un objeto mágico en cuanto encierra una fuerza sobrenatural, malvada en este caso, pero que igualmente al ser liberada le concede favores a su libertador. Quizá no sea esta una hierofanía sagrada de tipo virtuoso, sino todo lo contrario; no obstante su liberación de la botella constituye, de la misma forma, la presencia de una fuerza espiritual negativa que igualmente proporciona ayuda y bienestar a quien se lo solicite.

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El Diablo sale de la botella

También es factible encontrar una oposición de fuerzas sobrenaturales presentes en una misma historia. Fuerzas pertenecientes a categorías opuestas, que se manifiestan en componentes diferentes; tal como la bruja y la revelación de Dios, en la figura de un anciano, en el cuento La Casita de la Torrejas. Si bien la bruja no es un componente religioso, es una fuerza taumatúrgica capaz de hacer prodigios malévolos; en contraposición con el componente hierofánico de Dios mismo, cuya intervención es benévola y constituye en sí un milagro. El componente mágico representado en la figura de la bruja puede revestirse de cualidades benignas, no necesariamente su presencia está asociada al mal o a lo negativo. En el cuento Domingo Siete las brujas constituyen una fuerza benévola y justiciera, que por un lado favorecen con su ayuda al compadre pobre, en recompensa por mejorar su melodía ritual de “lunes y martes y miércoles tres” y agregarle “jueves y viernes y sábado seis (p.114), y por otro lado son justicieras porque castigaron al compadre rico, quien en su avaricia, provocó el caos al desmejorarles su canción ritual: “cuando la vocecilla del güecho cantó, toda hecha un temblor, Domingo siete” (p.117).

La ayuda divina vuelve a manifestarse a los personajes de buen corazón y bondadosos, que renuncian a su bienestar para socorrer a los necesitados; es el caso del príncipe menor en el cuento La Flor del Olivar. El encuentro con la Virgen y el niño Dios bajo la apariencia de gente menesterosa, saca a flote la generosidad de este personaje; dando lugar a la hierofanía, a la ruptura del espacio homogéneo y poniendo de manifiesto el poder sagrado que premia la benevolencia del héroe. La revelación de la divinidad, a su vez, conlleva al descubrimiento del componente mágico -la Flor del Olivar- situada debajo de la piedra que está al lado el niño Dios; piedra que constituye, al igual que la atada al príncipe encantado en el cuento El Cotonudo, una puerta a una realidad mágica. En este mismo sentido, otro componente mágico, en el cuento La Flor del Olivar, es la flauta fabricada a partir de la caña retoñada que surgió en el espacio donde estaban los restos del príncipe menor; ella conserva mágicamente la esencia espiritual del príncipe, puesto que tiene el poder de hablar y demandar justicia por su muerte.

En forma recurrente, las manifestaciones divinas y los componentes mágicos aparecen para proveer ayuda y justicia a quien lo necesita. En el caso del cuento La Negra y la Rubia, la presencia divina se revela en un objeto, una muñeca encontrada por la Rubia en el jardín de su casa. La transformación del objeto en la Virgen, de nuevo da paso a la manifestación sagrada; igualmente la arquita es un componente mágico y sagrado, ya que en ella se entrelazan indistintamente las cualidades del pensamiento mágico-religioso.

Las fuerzas sobrenaturales se manifiestan en diversas formas, a veces en objetos cotidianos que revisten una energía sobrehumana y traspasa la homogeneidad espacial, como se da en varios cuentos mencionados anteriormente, pero en cuento El Pájaro del Dulce Encanto, el héroe recibe la ayuda divina a través del espíritu de un muerto, ayudado por este en su rito de paso a otra vida. De ahí que el príncipe es recompensado con la obtención del pájaro dulce encanto; componente mágico poseedor de la energía sobrenatural que solamente se patentiza en su poder de curación: el mana.

En conclusión, la presencia de componentes maravillosos en el pensamiento mágico-religioso es recurrente; es posible encontrarlos separados o entremezclados en la cultura popular y esta, a su vez, en la tradición que recogen los cuentos tradicionales como los de Mi Tía Panchita. Las fuerzas sobrenaturales, religiosas o mágicas, al fin y al cabo están en el mismo nivel de sacralidad, no existe diferencia alguna en cuanto a su capacidad de ayuda, ni en cuanto a los beneficios que otorgan; da igual recibir ayuda de una deidad religiosa que de un ser mágico, porque ambas expresan su poder sobrehumano a través de objetos naturales o cotidianos que cuentan con una energía especial, que es la que puede manifestarse en forma de auxilio.

La religión, al igual que la magia, ritualiza sus creencias para invocar el mana que se manifiesta en diferentes elementos de un entorno homogéneo, pero que al darle características mágicas o sobrenaturales, caso de la servilletita en Escomponte Perinola; de la flauta en La Flor del Olivar; del árbol en Uvieta, donde se presenta lo heterogéneo de este mundo entremezclado tan magistralmente, reflejo de la idiosincrasia del costarricense, sobre todo de zonas rurales. Con la aparición de alimentos, dinero, antojos, y una serie de elementos presentes en los que buscan satisfacer las necesidades inmediatas de los seres humanos (lo profano), en vez de un sometimiento a la voluntad de las deidades (lo sagrado). Los ritos de intensificación solucionan los problemas de una persona en particular como se da con algunos rituales en Escomponte Pirinola que unen a la familia y a la comunidad en solidaridad.

La religión (religgare), también se manifiesta como elemento moralizante para reivindicar a las personas, incluso como premio para las acciones buenas de sus héroes; tanto así que se hacen presentes los personajes del panteón cristiano como Dios, Jesús, la Virgen, el Diablo que actúan en el plano natural y al servicio del ser humano, en una relación horizontal de camaradería y colaboración.

Los cuentos de hadas de Mi Tía Panchita se caracterizan por poseer elementos mágicos y religiosos, donde lo  sagrado se combina con lo profano; al analizar estos componentes maravillosos con las teorías expuestas por M. Eliade, E. Durkheim y M. Maussse, se pudo evidenciar que lo sagrado y lo profano se armonizan en la vida de los seres humanos, produciéndose el fenómeno mágico-religioso.  Por lo tanto, los cuentos de hadas de Carmen Lyra son un reflejo de esa realidad.

Bibliografía

Donovan, Frank (1971). Historia de la Brujería, España, Alianza Editorial.

Eliade, Mircea (1981). Lo Sagrado y lo Profano. Cuarta Edición. Guadarrama. Punto Omega, Madrid España.

Fox, Robin Lane (1986). Paganos y cristianos, Penguin Books, Londres.

El Sistema de Creencias (s.f, circa 2013) en Antología Tradición y Discurso Popular, profesor Emilio  Arias.

Lyra, Carmen (1999). Los Cuentos de mi Tía Panchita. Editorial Universitaria Centroamericana. San José, Costa Rica.

Lyra, Carmen (pseud.) (2012). Los cuentos de mi Tía Panchita. Disponible en: http://issuu.com/imprentanacional/docs/cuentos_de_mi_tia_panchita

Madrigal Abarca, Marta (1995). El Folclor y la Tradición Oral en los Cuentos de Mi Tía Panchita de Carmen Lyra. Para optar por el grado de Licenciatura en Filología Española. Ciudad Universitaria Rodrigo Facio.

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