prueba Maria José Artavia

Las temáticas de lo grotesco y el sujeto cultural en el cuento La negra y la rubia, de Carmen Lyra

 

Los relatos de  mi

Tía Panchita

Autores:

María José Artavia. Carné A80697

Ana Luisa García. Carné  A01701

Verónica Villanueva. Carné A 25456

                                                                                                                                                  

La presencia de la oralidad

en los textos.

 

 

La denigración de la mujer en el cuento La negra y la rubia

 Es frecuente encontrar dentro de la literatura costarricense cierta temática en la que influye una tendencia eurocéntrica a seguir. En algunos cuentos fantásticos es evidente visualizar las marcas ajenas a nuestro contexto, por lo menos en caracterización de personajes, esto se ejemplifica claramente en el cuento de Carmen Lyra La negra y la rubia, en el cual se aprecia este estilo o tendencia a caracterizar personajes desde esta perspectiva.

Cabe recalcar que no hay  información literal acerca de este tema, al menos en el cuento de La negra y la rubia  no se evidencia una investigación del sujeto cultural y la teoría de lo grotesco en este texto. De ahí  que el presente trabajo permite demostrar, como objetivo general, la interpretación polifónica de la denigración de la mujer y el sujeto cultural, con relación a los aspectos eurocéntricos que se presentan en este cuento,  con el fin de establecer los recursos discursivos en los diferentes elementos o aspectos que denigran a la mujer en un contexto propiamente costarricense .

Por ende, la condición hipotética del siguiente trabajo consiste en:

La teoría de Bajtín  sobre lo grotesco y la teoría del sujeto cultural de Edmond Cros, ya que  permiten establecer el recurso discursivo de los aspectos que denigran la figura de la mujer en el cuento La negra y la rubia.

Por  lo tanto los objetivos a desarrollar son:

a. Distinguir cuáles recursos discursivos de los aspectos que denigran a la mujer, según la teoría de lo grotesco de Mijaíl Bajtín y el sujeto cultural de Edmond Cros, se reflejan en el cuento La negra y la rubia, de Carmen Lyra.

b. Determinar cómo se manifiesta el fenómeno de lo grotesco y la influencia del sujeto cultural en los diferentes elementos o aspectos que denigran a la mujer en dicho cuento.

c. Deducir qué elementos de lo grotesco y del sujeto cultural denigran a la mujer en el cuento.

Por consiguiente, el trabajo abarca a teóricos como Mijail Bajtin, con la  Teoría de lo grotesco y  a Edmond Cros con la Teoría del sujeto cultural. De manera que la pregunta a resolver en este trabajo es: ¿Cuáles elementos de la temática de lo grotesco y del sujeto cultural están presentes en el cuento La negra y la rubia de Carmen Lyra?

De ahí que las premisas de este trabajo son:

a. En el cuento La negra y la rubia se elabora un discurso denigrante de la mujer que construye a la vez un discurso más marcado, a saber, el del sujeto cultural de acuerdo con lo propuesto por Edmond Cros.

b. La teoría de lo grotesco de Michael Bajtin permite establecer los recursos discursivos de las voces enmarcadas en el texto para dar cuenta de los mecanismos de degradación que se emplean.

c. Así por lo tanto, la teoría de la polifonía de los textos y el sujeto cultural permite establecer el recurso discursivo que se utiliza en el cuento La negra y la rubia  para interpretar la denigración de la mujer en el texto.

La riqueza de los textos transmitidos

a través de  la oralidad.

 

 

 

 

 

Según Elizabeth Portuguez, el género literario cuento consiste en la relación de un suceso, ya hablado, o escrito, suceso real, falso o de pura invención. Algunos que consideramos puramente imaginativos, tuvieron nacimiento en hechos verídico que  se transmitían de forma  oral, supliendo con la imaginación los pasajes oscuros y olvidados.

De acuerdo con lo anterior, el cuento corresponde a una narración de un suceso puramente imaginativo o anecdótico, es tan viejo como el hombre, pero el cuento en forma sistemática, por su carácter didáctico, tiene su fuente principal en el apólogo oriental. Del oriente pasó a Europa, y de estas colecciones de cuentos orientales difundidas por el continente, se derivaron las narraciones de este género de los siglos XV y XVI. Contenían ellas, además de su influencia, los elementos característicos de cada país, que las transformaban y diversificaban.

Asimismo, está formado por elementos semejantes a nivel de estructura y presenta en cada país, características muy diferentes como consecuencia de sus respectivos procesos formativos e históricos. Cabe destacar que el  cuento, eminentemente narrativo e imaginativo, se colorea  con los varados matices de emoción e interpretación que cada individuo puede transmitirle y no de la inmovilidad que le fija el escritor.

El cuento, ya como obra literaria, no hace su aparición en América sino en la segunda mitad del Siglo XIX, por esta época la influencia del romanticismo se ha dejado sentir y, al romper con los viejos métodos, cada cual dejó la estéril labor de imitación a que había estado sometido para crear según sus propios impulsos, que va a ir a buscar material en la realidad ambiente, cuando algunos años después llega la influencia realista. Se trata entonces de crear frente al modelo directo, inspirándose en la vida misma, con sus tipos genuinos, a partir de la originalidad del escritor.

En cuanto a los ejes teóricos cuyos constituyentes fundamentan lo grotesco en la literatura, se ha utilizado en este trabajo a Mijail Bajtin, por cuanto desarrolla de manera completa los rasgos característicos que sustentan la degradación de acontecimientos y personajes en un relato, los cuales sirven de sustento teórico para establecer relaciones con el cuento La negra y la rubia, de Carmen Lira.

A raíz de lo anterior, se desarrolla a continuación, el capítulo 5: La imagen grotesca del cuerpo en Rabelais y sus fuentes, de La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento en el contexto de Francois Rabelais (1998). Cabe resaltar que pese al énfasis de Bajtin por una obra de índole distinta, se ha tomado como base esta teoría puesto que rescata los elementos sustanciales para describir lo grotesco en lo literario.

En primera instancia, Mijail enuncia los signos característicos más marcados del estilo grotesco; a saber, la exageración trabajada mediante el hiperbolismo caricaturesco de un elemento negativo el producto de una fantasía llevada al extremo que raya en lo monstruoso que no debería ser. Igualmente se halla ligado a la profusión y el exceso mediante la superabundancia puramente satírica la cual se puede explicar desde el enfoque cuantitativo de la exageración de aquello que no debiera existir.

Asimismo, menciona tres tipos o categorías de comicidad: lo cómico bufón, lo cómico burlesco y lo cómico grotesco. En esta investigación, como el enfoque se basa en este tercero y último, se presenta el sentimiento de insatisfacción proveniente de una imagen imposible e inverosímil porque reconocemos en esta imagen exagerada la depravación y la inmoralidad representadas a partir de la caricatura y la ridiculización.

Lo grotesco es siempre satírico, con base en el lenguaje se efectúa la construcción de personajes ligados a lo “bajo” material y corporal mediante el uso de imágenes exageradas en proporciones inverosímiles cuyas aspectos pueden estar mezclados de rasgos humanos y animales, como una de las formas antiguas más grotescas en tanto se interesa por lo que sale, hace brotar, desborda del cuerpo, todo lo que busca escapar de él. En este sentido a manera de ejemplo:

“(…) para lo grotesco, la boca es la parte más notable del rostro. La boca domina. El rostro grotesco supone de hecho una boca abierta, y todo lo demás no hace sino encuadrar esa boca, ese abismo corporal abierto y engullente”. (Bajtin, 1998: 285).

Las grandes bocas abiertas, resaltan los elementos grotescos tales como: absorber, beber, comer y las  necesidades naturales, entre otros; la boca es la puerta abierta que conduce a los infiernos corporales. De la misma manera, se muestra  la deglución imagen ambivalente muy antigua de la muerte y la destrucción relacionada con la boca abierta. Todo lo anterior refleja en  la obra de Rabelais, la tendencia a la dualidad de los cuerpos y el aspecto procreador y cósmico de los cuerpos.

También, se enuncia el descuartizamiento, el despedazamiento, la absorción de un cuerpo por otro, la enfermedad y por último, la muerte como detonantes máximas de la degradación por cuanto acumulan un contenido que en un inicio textual podría parecer tolerable, pero conforme se transcurre en la lectura, responden  a un cúmulo de deconstrucciones narrativas que terminan por acabar al objeto mismo.

 

 Así,  el cuerpo humano es el material de construcción y el mundo se debilita en un plazo metafórico elevado. Lo grotesco, además,  enfatiza en la ridiculización de ciertos fenómenos sociales, exagerando los vicios en grado extremo; en dicha situación  la risa no se genera de manera  directa porque el lector necesita conocer los fenómenos sociales que se plantean.

Las imágenes de Rabelais, están ligadas en  medida más o menos grande a la cultura popular cómica de la Edad Media, y a su realismo grotesco. Tanto, la construcción de las imágenes y la concepción del cuerpo provienen del folklore  cómico y del realismo grotesco. El cuerpo grotesco nunca está acabado, siempre está en creación y construcción, así, él mismo constituye otro cuerpo.

Por lo tanto, la imagen grotesca no solo muestra la fisonomía externa, sino la interna: sangre, entrañas, corazón y otros órganos constituyen  un  conjunto bicorporal, donde la vida de un cuerpo nace de la muerte de otro, más viejo.

Sumado a  esto Bajtin expone la idea del cuerpo grotesco como  cósmico y universal, cuyos elementos son comunes al conjunto del cosmos: tierra, fuego, aire y  directamente, el sol. Las imágenes relacionadas a lo bajo  y lo microcósmico, se deben a que la gente asimilaba y sentía en sí misma el cosmos material con sus elementos naturales en las funciones del cuerpo.

Edmond Cros,  en su Teoría del sujeto sociocultural considera la cultura como un  espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad. Así,  dentro de una memoria, que consideraremos colectiva, está la  distinción de un pueblo y otro, creando la conciencia de un Yo visto en los otros.  Cuyo fin es lograr  un dominio  ideológico, que  se apropia de la subjetividad de cada individuo y que, integra las ideologías en su opinión.

Por ende, en la dominación que ejerce la cultura,   aparece entonces el sujeto cultural, según Cros. Este se muestra como un ente que no habla,  sino que es  hablado en un discurso sin que él lo sepa: este  permanece oculto en el discurso del sujeto hablante.

El sujeto cultural mantiene la forma de su identidad a través del tiempo por medio de la lengua y el discurso; para esto si consideramos una visión de lenguaje,  se plantea el  pensamiento que forma  parte de la identidad del sujeto cultural y que se preserva en el escrito como la visión de una “identidad individual”, pero precedida por la influencia cultural.

En el  discurso del sujeto cultural se forma un Ideal del Yo, que, según Cros se  conforma  por la interiorización de los rasgos simbólicos inscritos en la cultura. La integración de la instancia del sujeto cultural, como lugar-teniente del otro, viene a moldearse en la representación inconsciente; por tanto afirma:

“Dicho de otra forma: para definir este Otro, el paso obligatorio por la semejanza deja siempre un residuo de “alteridad”, un elemento irreductible a la norma clasificadora. Para intentar decir lo indefinible no queda sino recurrir a los encabalgamientos de categoría es decir, recurrir a las figuras de lo hídrico o a otras que son, de alguna manera, del mismo tipo,  como por ejemplo las fórmulas antitéticas utilizadas en ese mismo texto (una bella fealdad)”.  (Cros, 2003, 47).

Dentro de todos los elementos que conforman el discurso, se crea el texto cultural, considerado como un fragmento del intertexto de un determinado tipo, que interviene,  según modos específicos de funcionamiento, en la geología de la escritura. Se trata de un esquema narrativo, un modelo infinitamente retransmitido, el cual, en consecuencia, se presenta como un bien colectivo cuyas marcas de identificación originales han desaparecido.

Para el desarrollo del trabajo  resulta permisible evidenciar como la  formación del sujeto cultural se  interioriza dentro de su vieja identidad mediante categorías diferentes e inclusive contradictorias a las primeras y que origina una híbrida.

Según Cross, el sujeto cultural colonizado es “a la vez indisociable (colonizado y colonizador alternativamente, y simultáneamente sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado). Por tanto, está condenado a proyectarse con la forma de lo semejante y de lo desemejante; igualmente, condenado a interiorizar su “alteridad”              

Valoración cultural:

lo negro, lo blanco…

 

Presencia del sujeto cultural y lo grotesco en el cuento La negra y la rubia en Carmen Lyra

 

Para empezar, una de las características de lo grotesco corresponde  de acuerdo con Mijail Bajtin al sentimiento de insatisfacción generada a partir de una imagen inverosímil, producto de en una imagen exagerada, ya sea depravada o inmoral, la cual se representa mediante la caricatura y la ridiculización, en este caso de personajes femeninos.

De acuerdo con lo anterior,  el cuento La negra y la rubia, presenta al inicio, la mención de un hombre rico, ocupado del comercio, viudo con su hija muy linda que parecía marchita por lo rubia y blanca, pero su ambición era tal que se casó con una negra viuda pensando  que era muy rica. Sin embargo, la ridiculización de la negra viuda se da cuando este señor se convenció de que “lo de los bienes eran más hojas que almuerzo”. Asimismo, el sentimiento de insatisfacción se muestra al afirmarse por parte del narrador que el genio de ella, solo se lo podía aguantar su propia hija; una negra.

Además, otro elemento de lo grotesco se manifiesta a través de la profusión y el exceso mediante la superabundancia puramente satírica, aspecto que se explica desde el enfoque cuantitativo de la exageración de aquello que no debiera existir y que por tanto, degradan la figura femenina, tanto de la niña negra como de la niña blanca.

Pongamos por caso, la hija de la viuda es descrita  como una niña fea, negra, ñata, trompuda, con el pelo pasuso, de ribete mala, malcriada como ella sola y “la muy tonta se creía una imagen”. Incluso, el narrador aclara textualmente “Por supuesto que para la rubia,  entrar en esa casa fue entrar al infierno” (Lyra, 1984, 85) para concluir con la imagen degradada de la niña.

En esta misma línea, la superabundancia satírica, de la cual también la niña blanca es descrita, se da a conocer mediante el mecanismo de la exageración; ya que,  en  el cuento se menciona que la niña rubia se queda en la cocina en pleitos con la leña verde, con el fin de mencionar primeramente, la ausencia de armonía ante un elemento de caos para luego, utilizar un elemento de hiperbolizado  de rasgos humanos, especialmente, cuando se menciona que la leña humeaba tanto que la “pobre tenía los ojos como dos tamales”.

Cabe destacar que tenían, tanto la madre negra y su hija, una lora muy habladora. Como la niña negra estaba enamorada del príncipe, pero el príncipe a quien ama es a la niña rubia, ambas negras, madre e hija, esconden a la niña rubia en la cocina. El espacio de la cocina, de acuerdo con la teoría de lo grotesco de Mijail Bajtin corresponde a un entorno oculto propicio para no dar a conocer lo extraño de aquello que no debiera existir y por tanto, no aceptarse.

Inclusive, el narrador para dar un detalle de mayor exageración menciona que además, la niña rubia la esconden debajo de una gran olla, es decir, en un espacio para no ser vista, más oculta y excluida de lo observado.

Otro elemento de lo grotesco se marca mediante el uso de la ridiculización de ciertos fenómenos sociales, exagerando los vicios en grado extremo. Esta característica se manifiesta en la inversión de roles de las personajes femeninas, especialmente de la niña rubia y la niña negra.

De acuerdo con lo narrado, el cuento inicia con la ridiculización de la figura social de la niña rubia, quien es una mujer soterrada y sufrida por  la madre negra viuda; igualmente, se menciona que debía arreglar  la cocina y ante esto “nunca decía ni esta boca es mía”. Mientras ellos, a saber, el padre de la niña rubia y la madre e hija negras  se mecen en las poltronas de la sala. Asimismo, para profundizar en el grado máximo el ridículo del cual forma parte la niña rubia, el narrador comenta que ella solo podía ocupar un asiento, hecho de cuero esfondado.

Asistir a misa, constituye uno de los preceptos más respetables en el cuento, no obstante, la niña rubia se ridiculiza socialmente ante este acontecimiento, porque al entablar conversación con La Virgen, la primera, le dice a la segunda “Ya sabés que mi vestido de los domingos me lo hizo pedazos la negra un día que estaba de luna” (Lyra, 1984, 86); por tanto, se hace manifiesto el grado de agresividad, enajenación y violencia que tiene la niña negra hacia la rubia, como un mecanismo hecho con el fin de producir burla y de exagerar un vicio mediante un defecto de una vestimenta que la constituye y le pertenece.

En el momento de la celebración de la misa, a la cual asiste tanto la niña rubia como la niña negra; esta última, no permite que la rubia escuche la misa: “Y la negra no la dejó oir la misa con devoción, porque le tocó la tela del vestido, las mariposas de oro; le preguntó quién se lo había hecho” (Lyra, 1984, 88). Incluso, se menciona la degradación en el habla, aspecto socialmente influyente.

A través de lo que menciona el narrador sobre la niña negra se muestra cómo ni siquiera tenía habilidades para hablar correctamente, esto se ejemplifica cuando dice la negra a la blanca “ni… niña, ni … niña, hagámonos comales”-“Con lo que le quería decir: -“Niña hagámonos comadres” (Lyra, 1984, 88).

 

El mayor indicador de degradación está dado en la niña negra, quien por haber causado al igual que su madre, tormentos a la niña rubia, se termina casando con uno de los señores que servían al rey, y este servil, cabe destacar, lo hace únicamente con el fin de quedar bien; por lo que se denota el carácter de desinterés que termina generando la niña negra. Ante esto, el texto literario enuncia “Dicen que no le fue muy bien y que muy a menudo andaba con las penas derramadas” (Lyra, 1984, 92).

Cabe destacar que, la exageración trabajada mediante el hiperbolismo caricaturesco de un elemento negativo, producto de una fantasía llevada al extremo que raya en lo monstruoso o en aquello que no debería ser constituye otro de los elementos de lo grotesco, también enunciado en el cuento La negra y la rubia. Pongamos por caso, en un viaje del hombre de negocios, la negra pide a este un traje, sombrero y zapatillas nunca vistos. Cuando llega el día de estrenar el vestido, mientras la negra está luciendo su suntuoso traje la niña rubia es degradada mediante un hiperbolismo de índole caricaturesco porque se afirma:

“Por fin llegó el domingo, día del estreno del vestido y desde buena mañana despertó a todo el mundo para que la ayudaran. La pobre niña rubia hasta que veía el chispero: corre de aquí, corre de allá con los polvos, el colorete,  las cintas de apretar el corsé, que esto, que lo otro, que aquí, que allá… Por fin salió para misa de tropa, chiqueándose que era un contento, y la seda del vestido hacía tal ruido, que las gallinas que picoteaban en la calle y los perros, salían corriendo” (Lyra, 1984, 87).

En esta misma línea, otro de los indicadores de lo monstruoso para resaltar rasgos no aceptados, se manifiesta cuando al hijo del rey le llama la atención, el canto que produce la lora. Cuando este  llega hasta el lugar donde estaba la niña rubia, se menciona: “Allí vió una gran olla y al acercarse le pareció oír como unos sollozos. Levantó la olla y se va encontrando con la pobre niña, todita tiznada y haciendo cucharas” (Lyra, 1984, 91). Esta cita explica cómo a la niña rubia se le adjudican calificativos degradantes, exagerados  y acciones “que no deberían ser” y por tanto son llevadas al extremo, pues aparece toda tizana haciendo cucharas e incluso, se menciona “la pobre niña” donde se hace manifiesto, su  limitación degradada.

Además, el cuento La negra y la rubia muestran en su  discurso una inserción sociocultural encargada de  marcar el horizonte ideológico costarricense.  Dicho discurso  transmitido a la Nación, sin que exista una toma de conciencia por  parte de  los sujetos involucrados genera, por tanto,  la inserción de patrones de conducta conocidos como civilizados y directamente relacionados con lo foráneo, mientras tanto, lo propio se omite, debido a la “fealdad” presente en  los rasgos que lo caracterizan.

Ejemplo de esto se manifiesta a través de la tendencia que se emplea en el cuento La negra y la rubia, para describir como lo bonito todo aquello que es perteneciente a una cultura dominante, y por ende ajeno, pero de la cual se han copiado ciertos elementos, ya que,  es considerado como lo bello, es decir lo eurocéntrico, aspecto fuertemente identificado en muchos textos costarricenses de la época.

Esto se puede entender desde la perspectiva de Edmond Cros como  aquel  discurso del sujeto cultural, en el cual se forma un Ideal del Yo. El sujeto cultural surge por la interiorización de los rasgos simbólicos inscritos en la cultura, espacio desde el cual se inserta, como lugar-teniente del otro y viene a moldearse en la representación inconsciente de este.

La anterior característica está claramente circunscrita en el cuento  La negra y la rubia desde el inicio, ya que  desde un inicio del relato, el lector se encuentra ante la presencia de una descripción  “fabulosa” de la blanca en oposición a  la negra:

 

“Había una vez un hombre rico que se ocupaba en el comercio. Quedó viudo con una hija y esta hija era una niña muy linda: parecía una machita por lo rubia y  lo blanca que la había hecho Nuestro Señor. Además, tenía unos ojos que era como ver dos rodajitas que se le hubieran sacado al cielo y sobre todo, sangrita ligera y buena que daba gusto”. (Lyra, 1936, pág. 80)

Según Cross,  el sujeto cultural colonizado es “a la vez indisociable (colonizado y colonizador alternativamente, y simultáneamente sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado). Este se encuentra condenado a proyectarse con la forma de lo semejante y de lo desemejante, por tanto, prácticamente forzado a interiorizar su “alteridad”.

Con respecto a lo anterior, el sujeto cultural colonizado se proyecta en el otro para construir su Yo-identitario, que por supuesto debe ser lo más cercano a lo bello. En este relato, se presenta una descripción detallada de una mujer blanca con características propias de una cultura diferente, porque la propia de alguna manera lo exige.

Claro está que por oposición, se presenta por un lado, la niña blanca con sus dotes y cualidades; por otro lado, una descripción de lo feo, lo raro y diferente, en consecuencia, característico de lo no europeo, es decir, los calificativos dados a la mala; la niña negra:

“(…) y para aliviar los males, se tenía una hija fea como toditica la trampa, negra, ñata, trompuda, con el pelo pasuso y de ribete mala y malcriada como ella sola y la muy tonta se creía una imagen”. (Lyra, 1936, pág. 81)

En lo anterior, se observa una descripción negativa para la negra, pues ella representa maldad, como todo lo oscuro, lo negro, lo gótico, representa lo diabólico. Contrario a esto, la  niña  blanca;  no obstante, no es la única representación de lo bello, pues también a la muñeca (Virgen) la describen desde una perspectiva eurocéntrica, ella es de porcelana, es decir, fina, transparente, clara y pura, que a fin de cuentas termina siendo la Virgen:

“–¡Qué muñequita más linda! Dijo, y la levantó, le arrancó los terroncillos que tenía entre el pelo y se fue adentro muy contenta a hacerle un vestidito”. (Lyra, 1936, pág. 81)

De esta manera, se confirma la afirmación hecha por Cross, el Yo-identitario se forma a partir de un ideal, un ideal representado por lo eurocéntrico en el cuento  La negra y la rubia. En síntesis, la blanca y La Virgen  representan belleza y pureza, mientras  la joven  negra representa la fealdad y lo diabólico.

¿Civilización o barbarie?

Se define mediante un color:

 Lo blanco o lo blanco

 

 

 

 

Con el análisis realizado a este cuento es posible comprobar que la mujer es objeto de degradación e inferioridad; sin embargo, según nuestro  criterio,  en este cuento Carmen Lyra  coloca como punto  de crítica a toda la sociedad latinoamericana, por el contexto en el que los personajes se desenvuelven y  los calificativos adjudicados, por tanto, hace pensar en una degradación generalizada.

Igualmente, predomina en los personajes la inconsciencia de su situación y los rasgos exagerados con que la voz narrativa hace un retrato degradado de sus características físicas y morales, se desfigura la imagen de la mujer  latinoamericana real,  con la finalidad de encasillarla y verla como una mujer: negra, ñata, trompuda,  de pelo pasuso ,mala, malcriada, tonta y perfumada en agua florida; es decir, el compendio de características repulsivas  que enfocan aquello “raro, sobresaliente, monstruoso, excesivo y llamativo”. Contrario a La Virgen (imagen no degradada), figura resaltable puesto que es la muñequita, encontrada en un jardín, una señora muy linda, vestida de celeste, con una luz sobre la cabeza y parada en una nube.

Carmen  Lyra  sigue vigente aún en nuestros días, no necesariamente por la sencillez y brevedad de sus cuentos sino por las estrategias empleadas en sus descripciones que conduce a los lectores a identificarse con el narrador y a ser copartícipes de su juego de manifestaciones grotescas, los cuales funcionan como aspectos en donde se evidencia cómo los personajes a partir de sus acciones y pensamientos son objeto de ridiculización, sátira y degradación.

Sumado a esto,  mediante la Teoría del sujeto sociocultural, planteada por Edmond Cros se evidencia cómo  el pensamiento   europeo occidental ha dominado  la tierra latinoamericana en específico, Costa Rica, con el fin de ahondar en  sus  costumbres, labores, creaciones artísticas y la  cotidianidad  a través de la propuesta civilizadora, patrón  a seguir, desde una perspectiva ideológica del sujeto colonizado.

Esta noción del sujeto cultura genera carencias del individuo para identificarse   con lo autóctono, ya que lo olvida y relega porque se encuentra marcado como lo “bárbaro”. En contraposición, se ensalza el concepto de pureza, inteligencia y éxito en la  cultura  extranjera europea  remitiendo al idioma español, pongamos por caso, la tez clara y la religión católica; reglas  que deben  privar  para el éxito de lo estético e ideológico que llamamos Nación.

El sujeto cultural presente en el cuento La negra y la rubia, nos muestra el discurso presente en la formación de identidad del costarricense,  el cual se inspira en el modelo europeo, tal y como lo demuestra la forma en la cual se ensalza las características de la hija del comerciante.

 

“(…) Quedo viudo con una hija y esta hija muy linda: parecía una machita por lo rubia y lo blanca que la había hecho nuestro Señor”.  (Lyra, 1936, pág. 85)

 

El cuento La negra y la rubia, no solamente, muestra  está alteridad entre la negra y la rubia, porque la segunda es virtuosa, humilde y bondadosa.   Asimismo, manifiesta los patrones de comportamiento, la región (católica) y los valores privilegiados como los “correctos” en la época. Igualmente, apela a un intertexto, conformado por príncipes de sangre azul y hadas dadivosas, con las niñas “bonitas”.

Así, se demuestra que por un lado, Carmen Lyra reproduce la noción de del sujeto cultural haciendo uso de prácticas discursivas que refuerzan la institucionalidad  y la aceptación social. Por otro lado, degrada con base en lo grotesco a los personajes “bajos” para demostrar la sumisión ideológica de la cuales son “víctimas”.

 

 

 

Bibliografía

Bajtin, Mijail. (1998). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento en el contexto de Francois Rabelais. Madrid: Alianza.

Cros, Edmud. (2003). El sujeto sociocultural: sociocrítica y psicoanálisis.2 edición. Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT.

Lyra, C. (1936). Los cuentos de mi Tía Panchita. España: Imprenta Eespañola Soley y Valverde.

Lyra, C. (1984). Los cuentos de mi Tía Panchita. Costa Rica: Editorial Universitaria Centroamericana.

Portuguez de Bolaños, Elizabeth. (1964). El cuento en Costa Rica: estudio, bibliografía y antología. Tesis de Graduación. Universidad de Costa Rica. Facultad de Letras. Escuela de Filología, Lingüística y Literatura. San José, Costa Rica.

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