Cines

San José, la misma capital que a principios del siglo anterior se glorió de ser la primera ciudad de Latinoamérica con alumbrado eléctrico y que vio levantarse, imponente, el Teatro Nacional y mansiones al mejor estilo europeo, hoy ve agonizar casi por completo las salas tradicionales de cine que coronaron los rituales colectivos de una época.

Unas 45 salas engalanaron los encuentros citadinos y marcaron la ciudad desde 1891, año en que abrió las puertas el Teatro Variedades, último de los “grandes cines antiguos” que se mantiene aún vigente en San José.

En los ojos nostálgicos de los amantes del sétimo arte transita también el nombre de otras salas, como la del Cine Moderno (1913), el América (1915), el Adela (1923) y el Raventós, convertido hoy en el teatro Melico Salazar.

Recibió la capital también la construcción del Palace (1935), el Capitolio (1934), el Rex y el Cine Palacio Metropolitan.

La lista continúa con el Cine Lux (en Plaza Víquez), el Central (en San José centro), el Capri (ubicado en las actuales paradas de buses de San Pedro), el desaparecido California (cerca de la terminal al Atlántico), el gran Cine Universal (Paseo Colón) y el Bellavista (Cuesta de Moras).

Hoy, la mayoría de ellos se quemaron, se demolieron o se transformaron en restaurantes, sodas, iglesias, estacionamientos y talleres mecánicos.

¿Qué fue lo pasó con las salas de cine? ¿Expiró el modelo?

Tendencia mundial

El cierre de las tradicionales salas de cine en Costa Rica no es un fenómeno ajeno a lo que se vive en otros continentes. Más bien, responde a un comportamiento generalizado.

“En todo el mundo sucedió lo mismo. La consolidación del mercado del video casero le dio la estocada final a un negocio que venía sumido en una crisis muy grave desde hace años. En eso creo que tuvo mucho que ver el auge de la televisión en los años 70 y 80”, explica el crítico de cine Mario Giacomelli.

Sin embargo, la televisión no es la única responsable. María Lourdes Cortés, historiadora de cine y directora del Fondo de Fomento Audiovisual para Latinoamérica y el Caribe (Cinergia), responsabiliza también a una nueva estructuración de las ciudades, pues, según dice, a mediados del siglo anterior todo ocurría alrededor de los parques centrales.

Las familias eran una unidad más consolidada que iba a misa, al parque y luego cine, pero ahora “las familias son más fragmentadas y lo que ve el chico no lo ve el papá o el hermanito. Las multisalas ofrecen un menú diferenciado para toda la familia… pero por separado”, explica Cortés.

La responsabilidad no escapa de la televisión, pero se le une la comodidad de alquilar películas y la oferta de losmalls .

Se suma, además, el hecho de que las salas tradicionales no lograron encontrar su propia personalidad y se limitaron a repetir lo que ofrecen los centros comerciales, de acuerdo con William Venegas, crítico de cine.

Para él, el modelo de las salas tradicionales ya expiró y también se perdió la soberanía para proyectar películas.

Es responsable, según el crítico, la empresa privada y sus reglas capitalistas que tienen una tendencia al monopolio; “y eso se está cumpliendo; en este país ya no hay salas de cine nacionales, es decir, hemos sido invadidos por transnacionales que desde México deciden qué vemos y qué no vemos”, dice Venegas.

Despedida de una sala más

En abril anterior se anunció el cierre definitivo de la legendaria sala de exhibición Magaly, cuya primera función se registró el 17 de julio de 1978.

La decisión se atribuye a una disminución paulatina del público relacionada directamente con la preferencia por las llamadas multisalas (ubicadas en los centros comerciales).

Ese mismo comportamiento se reporta en Arte Cine Lindora, sala que se encuentra también a punto de abandonar el mercado.

Ante la interrogante de si van a cerrar o no, Maureen Moya, gerenta general, dijo que se encuentra en eso. “ La decisión se tomaría probablemente a finales de este mes”.

Moya explicó que la iniciativa de cerrar la sala está vinculada a la falta de público, y como consecuencia, a una baja en los ingresos económicos.

Arte Cine Lindora ofrece tres tantas diarias y una película diferente cada mes. Se inauguró el 25 de diciembre del 2007.

De cerrarse las puertas de esta sala, las opciones de cine alternativo se reducen únicamente a la Sala Garbo, que continúa con propuestas alejadas a las masivas y que está a cargo de la familia Baker.

Significa también una disminución de alternativas para productores nacionales que proyectaron sus primeros trabajos en salas como el Magaly.

Uno de ellos es Iván Porras, cineasta independiente y parte del Colectivo Bisonte.

En el Magaly, por ejemplo, Porras se estrenó como director de los cortometrajes Recuerdo prestado , Setiembre entre extraños y Y como un grito .

“Para nosotros fue sorprendente que alrededor de un cortometraje el público acudiera con semejante respuesta. Es impresionante, como realizador, sentir la reacción de 600 personas reunidas en un solo lugar para disfrutar la propuesta. Sentimos si se ríen, si les no les gusta”.

El cierre de salas, para él, se traduce en pocas ventanas para la exposición de trabajos nacionales.

Porras dice que el Magaly era una opción abierta, que no es la única claro está, pero que se convierte ahora en una carta menos.

¿Cómo subsistir?

“Si supiera, posiblemente estaría administrando una sala; me encanta la idea y creo que podría ser un buen programador”, dice Mario Giacomelli cuando se le pregunta qué debe hacer una sala tradicional para subsistir.

Para Porras, la respuesta es más evidente. “En el cine independiente las salas han sido muy conservadoras. El mercadeo debe ser más agresivo para que la gente se entere de la oferta disponible, porque en este mar, es fácil pasar desapercibido”.

Porras recomienda el uso de las redes sociales para anunciar las proyecciones.

Las salas de cine alternativo entonces también podrían convertirse en esa opción que tanto buscan los cineastas costarricenses.

La otra pieza del rompecabezas apunta a un involucramiento del Estado y de las instituciones educativas para ser coherentes con la oferta cinematográfica que cada año aumenta.

Se hace necesario, entonces, un espacio de formación, discusión y análisis del medio, que combine la divulgación y el entretenimiento. ¿Es ese espacio la anhelada cinemateca tica?

Cinemateca a paso lento

La idea es liderada por María Lourdes Cortés, historiadora de cine y directora del Fondo de Fomento Audiovisual para Latinoamérica y el Caribe (Cinergia).

El proyecto pretende recuperar el Teatro Variedades para que pase a manos del Estado.

El movimiento despertó intereses y apoyo en las redes sociales, donde contabiliza más de 4.000 seguidores.

Las conversaciones con Manuel Obregón, ministro de Cultura, son un realidad, afirma Cortés.

La cineasta considera que es inaceptable que seamos el único país en toda Centroamérica que no tiene una cinemateca.

Con un espacio como este, el objetivo es proyectar ese cine “al que no tenemos acceso. El cine que no pasa por Hollywood, como películas europeas, cine estadounidense independiente, koreano, y francés”.

¿Y en qué etapa se encuentra? Cortés asegura que esta vez el proyecto sí va, y aunque están arrancando, el ideal apunta a que la cinemateca vea la luz durante este Gobierno. “Vamos por buena camino”, insiste.

William Vengas, crítico de cine, considera que se trata de una propuesta ideal, pero que escucha hablar de ella desde hace 50 años. “Yo creo que son discursos nada más. ¡No hay voluntad política! El mismo dueño dice que si lo compran, él lo da”.

De todas formas, Venegas asegura que si el Estado toma las riendas del Variedades lo echará a perder.

“El teatro está en buenas manos. Yo me imagino que con el Estado empezaría a deteriorarse, se le daría una mala administración, más con gobiernos que no les interesa la cultura”.

Además, dice Venegas, “¿por qué una cinemateca en el Variedades? Podría ser en cualquier otra parte”.

Quizás la respuesta es que el Teatro Variedades fue declarado Patrimonio Histórico y Arquitectónico, y tiene más de un siglo de existencia.

El teatro es quizás esa estructura que nos recuerda la Costa Rica del siglo pasado y los espacios que poco a poco perdió la capital.

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